«Breve aproximación a ‘Vientos de agosto’», por don Diego Araujo Sánchez

El pasado sábado 11 de abril de 2026 se presentó una nueva edición de «Vientos de agosto», de don Carlos Arcos Cabrera. Compartimos el texto que preparó don Diego Araujo Sánchez para la ocasión.

El pasado sábado 11 de abril de 2026 se presentó una nueva edición de «Vientos de agosto», de don Carlos Arcos Cabrera. Compartimos el texto que preparó don Diego Araujo Sánchez para la ocasión.

Nadie se resiste a ser atrapado por las redes de un buen relato. Para muestra basta recordar a Scherezada que salva su vida al tener en vilo al sultán con los relatos en mil y una noches. Me impresiona en Vientos de agosto la proliferación de historias, desde el principio de la obra: en el primer capítulo, el golpe involuntario del bogotano Pompeyo Pastrana al ecuatoriano César Arcos en una calle de París da inicio a la amistad entre los dos jóvenes y, en reuniones ulteriores, esa amistad se afianza hasta la confidencia: Pastrana cuenta la historia de la matanza a su familia en la localidad de Villavicencio por parte de enemigos liberales, la exigencia de los parientes y amigos de cobrar venganza y la reticencia a ella que lleva a Pompeyo a salir de su país y viajar por Europa. César Arcos protagoniza otra historia al batirse a duelo de forma imprudente con un español por los improbables amores de la hija del director de Liceo donde estudia el ecuatoriano. La historia termina con la muerte de ambos duelistas, pero tiene continuidad por el encargo al amigo hecho por César Arcos de entregar unas cartas a su madre y a la joven que motiva la pelea.

En el capítulo que sigue, que aparece en en letras cursivas, se produce una ruptura del espacio y el tiempo y un cambio de la perspectiva narrativa: ya no es un narrador intermediario, sino un niño que narra en primera persona su historia y continúa en los capítulos pares siguientes hasta el capítulo XIV, cuando se la interrumpe para proseguir después en el XVIII, sin la regularidad anterior, pero con el mismo intenso lenguaje poético, hasta el final de la novela.

También se desarrollan muchas otras historias, como la del gringo vinculado a la explotación de minas en Portovelo que llega a Guayaquil en la misma embarcación que Pompeyo Pastrana; la historia de Antonio Satán, que construye la casa de Pompeyo cuando este se ha casado ya con Ana en Riobamba; la historia del poeta suicida Juan Carlos León y la pianista Rosario Araujo, la historia de Aristóteles Larrea que obliga a reproducir a los indìgeneas escenas de sadismo… en fin, sirvan solo las antes mencionadas como ejemplos.

El novelista mantiene una cohesión narrativa, evita el riesgo de dispersión y sostiene el ritmo de la novela gracias a los dos relatos mayores, que son los hilos medulares de toda la obra: las de la familia Pastrana García, es decir la del mundo privado, la saga de varias generaciones, y la del mundo público, la historia de Riobamba, su auge y su crisis, el éxodo de los habitantes más adinerados y la memoria de la utopía, la ciudad que pudo ser y no fue y, en escorzo, la historia del país. El segundo relato medular es el narrado en primera persona desde la intimidad y sensibilidad de un niño.

La mutiplicidad de historias, la saga familiar a lo largo de un siglo, el auge y abandono de la ciudad y hasta la sexualidad desbordante en las relaciones de las parejas protagónicas pueden recordarnos Cien años de soledad, pero nada hay de realismo mágico macondiano, excepto el fugaz relato de una abuela que habla con las almas de sus muertos. Hay sí, una notable fantasía para penetrar en la realidad. El de Carlos Arcos es el mundo andino signado por los polos opuestos de austeridad y profusión barroca.

La hábil construcción de Vientos de agosto sumerge al lector en una temática compleja, de la cual destaco la violencia política y social: en Colombia, Pompeyo sufre la pérdida de su familia conservadoras victimada por sus enemigos liberales; su llegada al Ecuador coicinde con el arrastre de los Alfaro, es decir, esta vez, los asesinados son los liberales. A lo largo de la obra se muestran las múltiples caras de la discriminación y los prejuicios sociales, el menosprecio y la violencia de los hacendados terratenientes hacia los indígenas. Las sublevaciones de estos son reprimidas por la fuerza militar. También la aventura revolucionaria, en medio del fervor inspirtado por la revolución cubana, termina con la represión, la muerte y el exilio.

Entre otros motivos de la amplia temática de la novela, me impresiona el de la orfandad, la ausencia de los padres, que se desarrolla en la historia narrada desde la sensibilidad de un niño. Me impresionan también el deterioro y fracaso de las relaciones amorosas de los protagonistas de Vientos de agosto, y la repetición en las nuevas generaciones de un parecido caminar por los senderos de sus antecesores.

Dos personajes antagónicos por su clase social, sus convicciones ideológicas y el desarrollo de sus vidas, Pompeyo Pastrana, y Octavio Cifuentes, se juntan, sin embargo, en el interés común por la historia de Riobamba. En medio de la dureza del mundo representado en la novela, esa relación que une a dos personajes contrapuestos, es una muestra de empatía y calidez intelectual y humana.

Javier Cercas, el gran escritor español, desarrolla la teoría del punto ciego como un rasgo esencial que, desde el nacimiento de la novela moderna con El Quijote, caracteriza a las obras más relevantes del género hasta nuestros días. Cercas recuerda que el disco óptico de los ojos tiene un punto que carece de detectores de luz y que, a través del cual, no se ve nada. Esta carencia se resuelve porque el punto ciego de cada ojo se halla en un lugar distinto, de tal modo que un ojo puede ver lo que no ve el otro. Además se la resuelve porque la información que posee nuestro cerebro suple el punto ciego. Para Cercas, en el corazón de las más memorables novelas hay simpre una pregunta: “toda novela —escribe— consiste en una búsqueda de respuesta a esa pregunta central; al terminar esa búsqueda, sin embargo, la respuesta es que no hay respuesta… o no hay una respuesta unívoca, clara, taxativa; sólo una respuesta ambigua, equívoca…Igual que el cerebro rellena el punto ciego del ojo permitiéndole ver en donde de hecho no ve, el lector rellena el punto ciego de la novela, permitiéndole conocer lo que de hecho no conoce, llegar hasta donde por sí sola, nunca llegaría la novela[1]”.

Me parece que en el centro o en el corazón de Vientos de agosto se halla esta pregunta implícita: ¿Por qué el fracaso del amor de las parejas, el fracaso y crisis de la ciudad y del país? Cada lector tratará de buscar unas respuestas a sabiendas de que el novelista no las da, o que las respuestas son la propia búsquedas de ellas o, como en el caso de la ciudad, son tan contrapuestas como las que dan el adinerado patriarca Pompeyo Pastrana, que se niega a abandonar Riobamba, y el cholo comunista Octavio Cifuentes, que escribe la historia de la ciudad.

Esta búsqueda es un atractivo esencial para la lectura de la gran novela de Carlos Arcos. Cabrera, que este día ve otra vez la luz en DINEDICIONES.


[1] Javier Cercas, El punto ciego, Las conferencias de Weindenfeld 2015, Colombia, Penguin Randon House, 2016, pp. 17 y 18.