
Recobrar el tiempo.
Apuntes para una edición crítica de Historias sagradas y eclesiásticas morales, de fray Gaspar de Villarroel[1]
Juan José Pozo Prado
Universidad de Alicante
1. Introducción: el autor y su obra
La obra de fray Gaspar de Villarroel, Historias sagradas y eclesiásticas morales (Madrid, 1660), ejemplifica la confluencia de predicación e imagen sagrada a través de su evocación textual, procedimiento propio de la literatura postridentina. Esta obra no sólo transmite enseñanzas religiosas, sino que también estructura su contenido siguiendo el orden del rosario, haciendo del libro una herramienta de devoción a través de referencias que aluden a la imagen que los devotos tienen de la iconografía de su tiempo. Fray Gaspar de Villarroel, nacido en la Real Audiencia de Quito y ordenado sacerdote agustino en Lima, desempeñó un papel relevante en la iglesia como predicador del Rey y obispo en distintas diócesis sudamericanas, como Arequipa, Santiago de Chile y Charcas. Su libro, cuyo título completo es Historias sagradas y eclesiásticas morales con quince misterios de nuestra fe que labran quince coronas a la Virgen Santísima Señora N., fusiona la tradición de la predicación con la imagen sagrada al organizar sus capítulos según los Misterios del rosario. En los preliminares, el autor explica que la lectura del texto corresponde al rezo del Rosario, lo que refuerza su función devocional. Además, al entrelazar historias de las Sagradas Escrituras con fuentes hagiográficas e iconográficas, la obra permite guiar la meditación de los creyentes a través de referencias conocidas. En suma, Historias sagradas y eclesiásticas morales logra equilibrar la función catequética de la predicación con el poder evocador de la imagen religiosa, consolidándose como un instrumento de formación espiritual.
2. Breve contexto histórico
Es sabido que, tras el Concilio de Trento, el tratamiento de obras hagiográficas experimentó una reforma notable. El texto de la XXV sesión establece la veneración de Cristo, la Virgen y los santos a través de imágenes, ya que en éstas «[…] se refiere a los originales representados en ellas de suerte, que adoremos á Cristo por medio de las imágenes que besamos, y en cuya presencia nos descubrimos y arrodillamos; y veneremos á los santos, cuya semejanza tienen» (1787: 357). Así, la legitimación del culto a través de imágenes sagradas adquiere mayor importancia por el impacto que éstas tienen en el orden educativo. Esta importancia radica en el impacto visual de las imágenes sagradas, encaminadas a estimular los afectos de los devotos, ya que «[…] se exponen á los ojos de los fieles los saludables exemplos de los santos, los milagros que Dios ha obrado por ellos, con el fin de que den gracias á Dios por ellos, y arreglen su vida y costumbres á los exemplos de los mismos santos» (358). Se trata, entonces, de una forma de educación religiosa que anime, a través de relatos modélicos, —como el exemplum, género será tratado más adelante— a una imitación por parte de los devotos.
Este proceso se consolida a través de una depuración de fuentes y autoridades, tras una extensa crítica en la que, tanto desde la Reforma protestante como desde la ortodoxia católica, se señala una falta de rigor histórico y filológico (Arronis Llopis 2017: 284), así como una fuerte presencia de lo apócrifo en la literatura hagiográfica (Baños Vallejo 2020: 449). Por tanto, a partir de las sesiones del Concilio de Trento, tanto autoridades y fuentes como elementos de culto —santos, imágenes y reliquias— se ven sujetos a una revisión de mayor rigor, en lo que se puede catalogar como «hagiografía crítica» (444). Así, textos como la Vulgata y autoridades como Laurencio Surio, Alonso de Villegas y Pedro de Ribadeneira, por mencionar algunas, son fuentes para la elaboración de obras de esta naturaleza, como la de Gaspar de Villarroel, en la que es frecuente hallar notas al margen que recuperan las fuentes de las historias referidas.
3. Algunos aspectos notables de Historias sagradas y eclesiásticas morales
3.1 Descripción de la obra
Dentro de las prácticas de devoción mariana y contemplación religiosa, la del rosario es relevante en cuanto se concibe como «[…] una herramienta al servicio del prójimo, que aspira a ser una práctica contemplativa de amplia divulgación y que otorga especiales gracias a los cofrades dispuestos a llevar a cabo el rito de manera organizada» (Krutitskaya 2014: 218). Su rezo se fundamenta en una estructura que sigue las diferentes etapas de la vida de la Virgen María, como de la de Jesucristo. Esta estructura está marcada por quince misterios, cuya disposición explica fray Luis de Granada: «[…] se reparte en quince mysterios principales de la vida de nuestro Salvador y de su sancta madre: que son, cinco gozosos, y cinco dolorosos, y otros cinco gloriosos» (1788: 581). En cada misterio se reza un Padrenuestro, un denario —diez avemarías— y un Gloria. Al rosario, se suman elementos complementarios, como bibliografía que contiene indicaciones sobre cómo rezarlo, así como textos a recitar o historias de carácter ejemplar, excepcional o sobrenatural. Tal es el caso de Historias sagradas y eclesiásticas morales, obra que conjuga el rosario, su rezo y textos complementarios a la contemplación religiosa.
En el prólogo, «Al lector», del primer volumen, se explica la obra tanto desde el motivo inicial de su escritura, como del de su composición. El libro fue compuesto a partir de la estructura del Rosario: quince Misterios dispuestos de cinco en cinco en un total de tres volúmenes. A su vez, cada Misterio, identificado bajo el nombre «Corona»[2] está constituido por siete partes, llamadas «Consideraciones», dentro de las cuales se encuentran las historias que constituyen el libro. Esta disposición es complementaria a una práctica meditativa y de recogimiento: cada historia acompaña la contemplación durante el rezo del rosario y la veneración de la Virgen: «Este libro se ha fabricado en tres tomos de quince Mysterios de nuestra Fè, divididos de cinco en cinco en cada tomo. Todos tienen a siete articulos; constan de siete Consideraciones» (Villarroel 1660a: ¶¶).
La segunda parte de este prólogo explica la división del libro en Coronas y su subdivisión en siete Consideraciones por Corona. Si, por un lado, es frecuente que cada Corona genere diez denarios, el libro de Villarroel deriva de cada Corona siete Consideraciones y en cada una de estas se reza un denario. Esta estructura corresponde a una fusión entre el rosario tradicional y el seráfico, de la orden franciscana, en el que cada uno de los siete denarios corresponde a los Misterios Gozosos (Donovan 1908: 540). Esto lo refiere Villarroel a través de una historia donde la Virgen da indicaciones a un novicio sobre cómo venerarla a través del rosario: «Rezarasme setenta veces el Ave María, y a cada diez un Pater Noster, ofreciéndome cada Denario a un Misterio de los que me causaron más gozo, y declaróle los siete que se acostumbran: Anunciación, Visitación, Nacimiento, Adoración de los Reyes, Presentación en el Templo, Resurrección de su Hijo, y la Ascensión a los Cielos» (¶¶2-¶¶3).
Las tres siguientes partes explican la diversidad de historias en cuanto a la variación de los Misterios de la Corona, la inserción de historias eclesiásticas, así como la división de los Misterios en la obra. La variación responde a una aproximación a todo tipo de sensibilidad de los devotos; este procedimiento es lícito en cuanto se ajuste a los Misterios establecidos: «[…] porque la Virgen nuestra Señora, cuando reveló aquellos siete, no cerró la puerta a que se meditasen otros» (¶¶4). Por otro lado, Villarroel explica la importancia didáctica de las historias en cuanto se convierten en herramientas que acompañan la meditación religiosa: «Añadimos casos prodigiosos, penas y premios, virtudes y vicios, que para la oración es necesario todo; y porque las almas devotas, cuando no meditan anden ocupadas dispusimos juntar en estos libros muchas historias de graves materias» (¶¶4). La dedicatoria al lector termina con una sección donde el agustino expresa un deseo personal de conocimiento y devoción compartido, sencillez y acompañamiento espiritual: «Aprender enseñando. Aprovechar al prójimo. Dar pasto a almas sencillas. Imitar la viuda del Templo, ofreciendo su pobre cornadillo. Pagar jornal a la Virgen Madre de Dios, y granjear que los que leyeren rueguen por él. Que si los perrillos tienen acción a las migajas, también la tendrá quien sazona la comida y sirve la mesa» (fol. 1r).
3.2 Géneros
En la obra de Villarroel confluyen textos de diversa índole, encaminados a la predicación y a los creyentes. La división del libro en «Coronas», «Consideraciones» e «Historias Morales» ya indica una estructura tanto en la lectura del libro como en la meditación de los temas tratados. Por ejemplo, podemos ver en la primera Consideración de la primera Corona —que alude a los Misterios Gozosos— una reflexión en torno al consuelo experimentado por la Virgen en su encuentro con el arcángel Gabriel durante la Anunciación: «Si la Virgen viera en si su preñez antes que tuviera la revelacion, forçosamente se avia de conturbar, y ansi fue necessario prevenirla, y avisarla» (fol. 1v). Después de referir una meditación a partir de un episodio bíblico, Villarroel presenta las historias morales, agrupadas por temas relacionados al de la Consideración. En el caso ya mencionado, las historias se recogen bajo el tema: «[…] de la alteza de los Virgenes, y de lo que lo aman los Ángeles». Si se toma por ejemplo la quinta historia de este apartado, leeremos la historia de santa Teófila y la defensa de su virginidad por intercesión de un ángel:
[…] pusieronla en un infame aposento, y en llegando saco del seno vn libro, en que tenia escritos los Evangelios. Pusose a leer en èl; y como la sagrada leccion es gran remedio para la castidad, y ampara Dios los virgenes por ministerio de los Ángeles, pusose a su lado vno […]. (fol. 8r)
La salvación de la virgen radica en la lectura de los Evangelios, e historias semejantes tienen una notable presencia a lo largo del libro. Así, podemos ver en cada volumen la siguiente estructura: presentación de la Corona, exposición de un Misterio, reflexión a través de pasajes bíblicos relacionados, y una presentación de historias de mártires, hagiografías y relatos ejemplares. Llama la atención este último tipo de relatos que remite al exemplum medieval, el cual, dentro de las artes praedicandi tiene una función de dilatio dentro del thema a desarrollar durante un sermón (Zamora Calvo 2009: 1). Villarroel acude a relatos de distintas fuentes como exempla, hagiografías o historias de mártires. En suma, relatos probatorios que, de acuerdo a Juan Luis González García, presentaban una función doble: por un lado, aludían a una actitud digna de imitación; por otro, reforzaban el tema expuesto en las Consideraciones, guardando así una función ornamentativa y argumentativa: «Probaban y confirmaban lo expuesto por el predicador y también le ayudaban a vertebrar su discurso» (2015: 226-227). De este modo, la combinación de sermones, pasajes bíblicos, hagiografías, exempla e historias de mártires no solo refuerza la coherencia interna del libro, sino que también lo consolida como una herramienta devocional efectiva. Al integrar estos distintos géneros en una estructura ordenada, se potencia su función catequética y meditativa, ofreciendo al lector un camino de reflexión que, a través de la lectura, fortalece su relación con la fe.
4. Intención del autor
Gaspar de Villarroel concibe Historias sagradas y eclesiásticas morales como un instrumento de práctica y meditación religiosa, en consonancia con una tradición devocional que enlaza palabra e imagen para guiar al lector en la contemplación de los misterios de la fe. Este concepto del libro como herramienta para la formación y el ejercicio espiritual tiene antecedentes en la patrística y en la tradición ignaciana. San Jerónimo exhortaba a sus seguidores a la lectura constante de la Escritura como fundamento de la enseñanza: «Lee muy a menudo las Divinas Escrituras, o mejor, nunca el texto sagrado se te caiga de las manos. Aprende lo que has de enseñar» (Epistolario 1993: 473). De manera similar, San Agustín relata cómo San Ambrosio practicaba la lectura silenciosa como un acto de introspección y oración (Confesiones VI, 3, 3 1946: 233). Por su lado, San Ignacio de Loyola enfatizaba la visualización mental de episodios religiosos, como se observa en los Ejercicios espirituales cuando menciona la «vista de la imaginación» (EE 65). Esta meditación imaginativa, de acuerdo con González García, se enriquecía gracias a la lectura de cada espectador, el cual, a su vez, encaminaba su meditación a través de la imagen: «[…] la meditación imaginativa retribuía al observador con la comprensión de la estructura interna de la imagen, que a su vez se enriquecía gracias a la aportación reflexiva de quien la contemplaba e identificaba» (2015: 403). Villarroel asimila este modelo y lo proyecta en su obra, combinando imagen pictórica y literaria en su discurso para configurar un soporte encaminado a la contemplación religiosa.
En el segundo volumen de Historias sagradas y eclesiásticas morales, la referencia explícita a la pintura refuerza esta función imaginativa y devocional. Al describir la Visitación, Villarroel se apoya en la representación pictórica como validación de la tradición: «Caminò a pie (assi lo dize la pintura de la Iglesia, y el sentimiento comun.)» (1660b: 10v). La expresión «pintura de la Iglesia», plantea la duda de si esta mención tiene un sentido de alusión iconográfica o de descripción textual. Esta expresión es localizable en los tres volúmenes. A la cita ya mencionada del segundo volumen, se agrega una del primero, donde la expresión confirma el número de Reyes Magos a través de diferentes autoridades: «[…] y con mi Padre S. Agustin, como la antigua tradicion, con el sentimiento comun, y con la antiquissima pintura de la Iglesia. Todos los Doctores, sin dissentir vno solo de autoridad, dizen que fueron tres» (1660a: 144r). El tercer volumen recoge esta expresión para dilucidar el lugar donde descendió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego (Hechos 2: 3-4): «En que parte se assentò, no lo dixo el Sagrado Texto; pero la antiquissima pintura de la Iglesia, la inmemorial tradicion, el consentimiento comun, el general assenso de los Doctos, y el consentimiento de el mundo, nos enseñan, que esta Divina persona se assentò sobre las cabeças» (1660c: 118r). Resulta curioso que, como señala Villarroel, el consenso de las dudas converja en el sentido común antes que en las Escrituras, como señala la última cita. Cabe suponer, entonces, que se trata de una expresión verbal que, antes que aludir a una imagen en concreto, pretende estimular la imaginación de los devotos a través de representaciones iconográficas asentadas por la tradición. No se trata de ejemplificar a través de un referente específico, sino de evocar una imagen ya conocida para ilustrar el pasaje a comentar.
Otros pasajes ejemplifican la importancia de la pintura religiosa —y su soporte, la imagen— como intercesora de milagros, como es el caso de una historia que versa sobre un cuadro de San Juan de Sahagún. El orden de lo ficticio presenta una conexión con el orden de lo real a través de la digresión —rasgo estilístico frecuente en Villarroel—, para resaltar la importancia de la presencia de imágenes sagradas y su difusión por medio de copias, o trasuntos, hechos por pintores de renombre, debidamente reconocidos por el agustino:
pues España gozava del sagrado cuerpo, honrasse la Indias con aquel retrato […] solo queria que se le trasumptasse el Padre Fray Francisco Bejarano, Pintor insigne, y el mayor discipulo de Mateo Perez de Alesio, hombre señalado, que embio a Lima Sexto Quinto, a que le pintasse vna lamina, siendo Roma Madre de la pintura y persona que de solos diez y ocho años, en competencia de los Pintores todos de España pintò el S. Christoval, que oy vemos en la Iglesia de Sevilla. (1660b: 133)
A lo largo de los tres volúmenes encontramos ejemplos que hablan sobre las imágenes y su poder intercesor. Su evocación a través de la palabra escrita subraya el conjunto de referencias que los devotos tienen alrededor de la iconografía; la articulación de estas a través de una narración con elementos sobrenaturales señala los favores que concede la devoción. Así, por ejemplo, un hombre pide ayuda a una imagen de la Virgen antes de ser ejecutado; esta se mueve y expresa su afán de salvar al condenado:
[…] pues os invoque todos los dias, ayudadme en esta hora. Pronunciadas estas palabras, leinclinò la imagen la cabeça. Assombrose el pueblo todo con vn tamaño prodigio, è inclinados a compassion por èl, todos le quisieron librar […] Dobló el delinquente las rodillas, y estendiendo el braço la Imagen de la Virgen, asio tan fuertemente a su devoto con la mano, que no huvo fuerças humanas, que fuessen poderosas a arrancarle della. (1660c: 79v)
Las imágenes interceden por sí mismas, como también lo hacen por efecto de la acción del devoto, reforzando un comportamiento ejemplar. Refiere Villarroel la historia de Santa Eduviges y cómo su devoción a la imagen de la Virgen tuvo por efecto propiedades curativas:
Santa Heduvige, Duquesa de Polonia; tia de Santa Isabel, casada con el Lanztgrave de Turingia, era tan afecta a Nuestra Señora, que por no apartar vn instante la memoria della, traia en la mano vna Imagen suya dentro, y fuera de su casa, y estando en visitas, negocios, y despachos, clavava en ella los ojos, y allà en el alma le dezia mil ternuras. Iba a los Hospitales, llegava a las camas de los dolientes, poniales en la boca la Imagen de la Virgen Sacrosanta, y despoblava las enfermerias, porque la Virgen, por su devocion, y grandes virtudes, sanava las enfermedades. (1660c: 198v)
A este componente pictórico se suma el uso del exempla, relatos hagiográficos e historias de mártires, que permiten ampliar la comprensión de los pasajes religiosos. Villarroel, además, recurre a figuras contemporáneas, como Carlos V, para demostrar que la virtud y el comportamiento ejemplar no se limitan a los santos, sino que también se manifiestan en la nobleza. Así, al relatar que el emperador quiso ser enterrado bajo el altar para que el sacerdote lo pisara durante la misa, Villarroel enfatiza en la virtud de la humillación: «Porque me pise el Sacerdote, quando diga Missa; que pues tuve los Sacerdotes (vivo) sobre la cabeça, quiero que muerto pongan los pies sobre mi coraçon» (107v). Esta asociación entre la realeza y la santidad subraya la función moralizante del texto, que ofrece modelos de conducta a sus lectores.
En definitiva, Villarroel estructura su obra como una guía de meditación en la que texto e imagen convergen para facilitar la contemplación religiosa. Al integrar la tradición pictórica y la visualización espiritual como forma de meditación, su libro se convierte en una herramienta devocional que trasciende la simple narración para convertirse en un instrumento de formación y veneración de los misterios marianos.
5. Conclusiones
Historias sagradas y eclesiásticas morales representa un testimonio significativo de la confluencia entre imagen y texto en la tradición devocional postridentina. A través de una estructura basada en los Misterios del Rosario, el libro deviene instrumento de meditación religiosa, donde la narración de historias sagradas y hagiográficas estimula el ejercicio espiritual del lector.
El contexto histórico de la obra, marcado por las reformas del Concilio de Trento, influyó directamente en la manera en que se legitimó el uso de imágenes como herramientas de enseñanza y veneración. La obra de Villarroel se inserta en esta tradición, combinando elementos visuales y discursivos para guiar al creyente en su contemplación de los misterios de la fe. A través del uso del exemplum, relatos hagiográficos y referencias bíblicas, el autor estructura su texto de manera que cada historia refuerza la función catequética de la predicación. La imagen pictórica y la narración, o imagen literaria, convergen para enriquecer la experiencia espiritual del lector. Su referencia explícita a pinturas religiosas y la importancia de la visualización mental en la meditación muestran la influencia de la tradición patrística en su concepción de la lectura devocional. Es más, teniendo en cuenta que se trata de un texto presumiblemente encaminado a sacerdotes para un uso litúrgico, se puede colegir que el texto presenta no sólo un sentido pedagógico, sino también anagógico, por presentar pasajes bíblicos y una interpretación que trasciende el sentido literal de las Escrituras para acceder a un orden mayor, siguiendo los diversos modelos de comportamiento y devoción que veneran las virtudes de la Virgen.
Así, Historias sagradas y eclesiásticas morales se consolida tanto como una herramienta de formación espiritual como un testimonio de la presencia e importancia de la imagen en la práctica religiosa y discursiva del siglo XVII. Al vincular la palabra escrita con la contemplación visual y meditativa, Villarroel ofrece un modelo de devoción estructurado que responde a las exigencias del discurso religioso postridentino, subrayando la función edificante de la imagen sagrada en la tradición católica a través de la palabra.
6. Bibliografía citada
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San Jerónimo. Epistolario I, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1993.
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Villarroel, Gaspar de. Tercera parte de las Historias sagradas y eclesiásticas morales con quince misterios de nuestra fe que labran quince coronas a la Virgen Santísima Señora N., Madrid: Domingo García Morrás, 1660c.
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Zamora Calvo, María Jesús, El exemplum y la preceptiva medieval [en línea], Rinconete – Centro Virtual Cervantes, 2009: https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/noviembre_09/10112009_01.htm [Consulta: 15 de agosto 2024].
[1] Trabajo desarrollado en el marco del proyecto de investigación ITHAHIS: Itinerarios de la Hagiografía Hispánica en la Edad Moderna: Evolución y difusión del legado devocional (PID2022-139820NB-I00), financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033/ y por FEDER “Una manera de hacer Europa”. Este trabajo fue inicialmente presentado como ponencia dentro del marco del IX Congreso Internacional de La SEMYR, “La literatura y las otras artes”. Universidad Complutense de Madrid, 4-6 de septiembre, 2024.
[2] El término «Corona» alude a la confección de guirnaldas que, en la tradición mariana, refiere a la agrupación de los Misterios, así como a un elemento de devoción a la Virgen, asociada con la figura de la rosa (cf. Adolphe d’Essen, en Viller et. al. 1988: 942-943). Es común hallar referencias en la literatura medieval, como en las Cantigas, de Alfonso X el Sabio, donde el motivo de la guirnalda elaborada por un clérigo se halla 121 veces (Arronis Llopis 2017: 198).



