«El lagarto está llorando», por doña Susana Cordero de Espinosa

Nacido el 5 de junio de 1898, en la vega granadina de Fuente Vaqueros y en el seno de una familia acomodada, el entonces joven poeta se formó académicamente en Madrid, en el marco educativo de la Institución Libre de Enseñanza impulsada por Giner de los Ríos…

Sí. Y lloran muchos más estos días de evocación, cuando se conmemoran noventa años de la muerte del poeta Federico García Lorca. Hoy lloran todos los lagartos del mundo, que eran lagartijas por pequeñas y tibias, pero a los que todos los niños que hablan español en el mundo prefieren llamar lagartos porque así viven en el poema y lo necesita la rima de las inolvidables estrofas leídas en la infancia que permanece en su memoria para siempre. Lagartos quedaron, todos pequeñitos, esos que toman el primer sol entre la hierba, cuyo amor reproduce el poema que tiene por título su primer verso: El lagarto está llorando, dedicado ‘a la niña Teresita Guillén tocando un piano de siete notas’, por Federico García Lorca, cuya acerba muerte, cometida por un mostrenco guardia franquista el 17 o 18 de agosto de 1936, evoca estos días el mundo de nuestra lengua con justísimo dolor.

Nacido el 5 de junio de 1898, en la vega granadina de Fuente Vaqueros y en el seno de una familia acomodada, el entonces joven poeta se formó académicamente en Madrid, en el marco educativo de la Institución Libre de Enseñanza impulsada por Giner de los Ríos; se albergó entonces en la conocida Residencia de Estudiantes, donde compartió aulas, experiencias y amistad con Rafael Alberti, Salvador Dalí, Luís Buñuel, María Teresa León…, o que constituyó una experiencia vital fundamental para Federico y su obra. Tenía al morir 38 años.

Sobre él escribió el poeta Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura 1977: Era el genio de la personalidad. No he conocido a nadie que tuviera el don de la expresión humana viva, de la presencia, como lo tenía aquel extraordinario ser que era Federico. Tenía una seducción, un poder hechicero, una expresividad tan inmensa que era sencillamente irresistible. Era un fenómeno. Era la simpatía elevada a fenómeno cósmico.

Cuento con un magnífico texto de Niall Binns publicado en la Colección AEL de nuestra Academia Ecuatoriana titulado Ecuador y la Guerra Civil Española. En él leemos sobre el dolor que las noticias de la guerra de España causaron entonces en esta tierra nuestra la inmensa pena experimentada por muchos escritores ecuatorianos como dice el subtítulo de esta obra: “la voz de los intelectuales”. Traslado para su lectura, parte del poema Pascua serena de tu muerte, que nuestro extraordinario escritor Alejandro Carrión dedicó al vil asesinato de García Lorca, y se publicó entonces, años en los que Quito tenía intensa vida cultural, empezando por sus políticos, normalmente, ‘leídos’ y cultivados. Lo encontramos en ‘Cuadernos del mar Pacífico, 1938’: “Aquí, España nuestra. Tres poemas en esperanza y amargura”…

Aquí. Oscura fuerza, odiadora del hombre, / De su ancho vivir, / de su alegría. / Aquí. Mientras los generales te desangran. / Mientras rubios halcones decapitan la voz de tus poetas. / Aquí, mirando cómo vives tu nueva reconquista, / -No ya la Cruz de Cristo, sí la Vida del hombre-. / Aquí: no tu palabra, tu sangre. / Tu alma misma. / Aquí: a través de tu Mar Pacífico y tus olas de Atlante, / Hablando tu lenguaje y latiendo tu ritmo. […] España. Nuestra España, Vieja madre, / Nos dueles y nos ardes / En la delgada tela del corazón, donde el alma está tímida y reciente. / Donde se une y se crece el amor en la vida.

En su Homenaje de los poetas y artistas ecuatorianos, sigue este poema dedicado“A Federico García Lorca”:

¿Quién no conocía tu voz, Federico García, / con sus naranjas de oro en luz de brillo antiguo / y la muerte, deslizándose al fondo, fina y tenue / como una joven brisa congelada? / Allí estabas inmóvil, ágil olivo en rayo desgajado / y tu voz, desangrándose, en lentitud de nardo / y en cuchillas moradas, / mientras la madrugada estremecíase / tornada cordón trémulo, alargado e inhábil […] ¿Quién no conocía tu voz, Federico García, / tu aliento de naranjas subiendo en tibio vino, / tu guitarrón morado, tu canto -sangre antigua- / y esa muerte sutil, en nieve y verde rama, / en azucena tierna y aceituna aclarada? / Lo sabíamos, Federico García, lo sabíamos / por estas venas hondas que a tu voz nos unían, / por esta misma sed de muerte y sacramento, / y sangre y azucena y luna amanecida. / Sabíamos que te iban a arder, mitad en grito / y mitad en asalto, con llamas asombradas…

Otros republicanos, además de García Lorca, que nunca se adhirió oficialmente al partido comunista, fueron fusilados en la madrugada del 17 o 18 de agosto de 1936 “en un barranco o descampado de la carretera que une Víznar y Alfacar, cerca de la capital granadina a comienzos de la Guerra Civil Española”. Lorca murió junto a un maestro tildado de extremista y a dos banderilleros anarquistas, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas.

Otra de las obras garcialorquianas llenas de colorido y gracia se titula Canciones, escrita entre 1921 y 1924 y publicada en 1927; en ella se encuentra la mayoría de sus poemas para niños e incluye, entre otros poemas, El lagarto está llorando y Canción tonta. Las dos van aquí para que las goce usted, lector…

El lagarto está llorando lleva esta dedicatoria:

“A mademoiselle Teresita Guillén / tocando un piano de siete notas” y dice así:

El lagarto está llorando. // El lagarto y la lagarta / con delantalitos blancos. // Han perdido sin querer /su anillo de desposados. // ¡Ay, su anillito de plomo, / ay, su anillito plomado! // Un cielo grande y sin gente / monta en su globo a los pájaros. / El sol, capitán redondo, lleva un chaleco de raso. // ¡Miradlos qué viejos son! / ¡Qué viejos son los lagartos! // ¡Ay cómo lloran y lloran. / ¡Ay! ¡ay!, cómo están llorando!

Lo supieron, lo saben y sabrán cientos, miles de niños de habla española, y entre ellos mis hijos, que tanto se entristecieron, cada uno a su turno, a causa de la pérdida del anillito de boda del lagarto y la lagarta que nadie, ni el propio poeta sabrá nunca dónde se extravió… -¿Su anillito era como el tuyo, mami, como el tuyo? -Sí, era parecido al mío, porque todos los anillitos de matrimonio se parecen…

Vayan aquí, para conocer más y mejor al gran poeta, y en su honor, los versos de “Canción tonta”, publicada en el libro Canciones, ya citado, escrito entre 1921 y 1924. Lo reproduzco tal cual:

Mamá.
Yo quiero ser de plata.
Hijo,
tendrás mucho frío.
Mamá.
Yo quiero ser de agua
Hijo,
tendrás mucho frío.
Mamá,
bórdame en tu almohada
¡Eso sí!
¡Ahora mismo!

Sus amigos poetas que lo conocían y amaban, se rebelaron atónitos contra el horror, entre ellos el gran Antonio Machado que, habiendo recibido la noticia horrible del asesinato, escribió su inolvidable El crimen fue en Granada que apareció en la Revista Ayuda, y el propio Machado leyó el 11 de diciembre de 1936, en homenaje al poeta granadino en la Plaza Emilio Castelar (hoy Plaza del Ayuntamiento de Valencia). Dicha plaza abarrotada de gente “reunió, entre muchos otros, al entonces Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Jesús Hernández Tomás; se sabe también que escuchó esta lectura el poeta León Felipe”.

Este es el poema machadiano, en el que el gran Antonio narra el camino hacia la muerte de Federico García Lorca. Lo reproduzco tal como lo quiso Machado, dividido en tres partes, cada una con su infausto título:

El crimen fue en Granada. A Federico García Lorca.

I El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,/ por una calle larga, / salir al campo frío, / aún con estrellas de la madrugada. / Mataron a Federico/ cuando la luz asomaba. / El pelotón de verdugos / no osó mirarle la cara. / Todos cerraron los ojos; / rezaron ¡ni Dios te salva! / Muerto cayó Federico / -sangre en la frente y plomo en las entrañas- // … Que fue en Granada el crimen / sabed. -¡Pobre Granada!, en su Granada…

II. El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella, / sin miedo a su guadaña. / -Ya el sol en torre y torre, los martillos / en yunque -yunque y yunque de las fraguas. /
Hablaba Federico, / requebrando a la muerte. Ella escuchaba. / «Porque ayer en mi verso, compañera, / sonaba el golpe de tus secas palmas, / y diste el hielo a mi cantar, y el filo /
a mi tragedia de tu hoz de plata, / te cantaré la carne que no tienes, / los ojos que te faltan, /
tus cabellos que el viento sacudía, / los rojos labios donde te besaban… / Hoy como ayer, gitana, muerte mía, / qué bien contigo a solas, / por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

III.

/ Se le vio caminar… / Labrad, amigos, /
de piedra y sueño en el Alhambra, / un túmulo al poeta, / sobre una fuente donde llore el agua, /
y eternamente diga: / el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

En el 90º aniversario del asesinato del poeta, el académico Andrés Soria Olmedo reconstruye sus pasos aquel verano trágico de 1936.

Federico García Lorca, recordemos, es fusilado al amanecer junto a Dióscoro Galindo, oriundo de Valladolid, maestro de Pulianas, grueso y cojo, y junto a los dos banderilleros anarquistas Francisco Galadí Melgar y Joaquín Arcollas Cabezas. Las gestiones de Manuel de Falla y Luis y José Rosales ante el gobernador militar para que no lo mataran llegaron demasiado tarde.

En el Extracto del expediente de Responsabilidades Políticas (1940) figuran algunas de las acusaciones: “Se ignora su filiación política pero su ideología es francamente izquierdista […] publicó varias poesías negando la existencia de Dios y además sus amistades eran don Fernando de los Ríos y demás políticos izquierdistas […] Conceptuación religiosa: laico […] Conceptuación de su vida privada: parece ser que era un invertido”.

En ausencia del cuerpo, los herederos del poeta difundieron un parecer ‘juicio o dictamen’, el 12 de septiembre de 2003, en el cual antepusieron a la búsqueda de sus restos el Mantener el lugar del enterramiento de los asesinados políticos como lugar de la memoria colectiva, pública y civil, sin entresacar ni seleccionar ningún cuerpo de los que allí reposan, para evitar que se borre la memoria política, ética, colectiva y social. En 2009, 2014, 2016 y hasta ahora se siguen llevando a cabo excavaciones, que han resultado infructuosas.

Como corolario, cabe aquí el poema emocionado de José Ángel Valente:

Víznar (1988):

DESDE Granada subimos hasta Víznar. Vagamos por el borde sombrío del barranco.
− ¿Dónde?, decíamos. Era el otoño. Las hermanas, las viudas, los hijos de los muertos venían con grandes ramos. Entraban en el bosque y los depositaban en algún lugar, inciertos, tanteantes. ¿En dónde había sucedido?
– Lo mataron a él, decía la mujer, pero aquí también mataron a otros muchos, a tantos, a eso que ahora nadie recuerda.
– Él ya no es él – dije.
Es el nombre que toma la memoria, no inextinguible de todos.

Este artículo se publicó en el portal Plan V.