«Juan Montalvo: del insulto al humor», por don Julio Pazos Barrera

El pasado 24 de abril, en el «Coloquio Colombo-Ecuatoriano "Cervantes y Montalvo"», organizado por la Casa de Montalvo en la ciudad de Ambato, don Julio Pazos Barrera, miembro numerario de la corporación, presentó la ponencia que compartimos a continuación.

El pasado 24 de abril, en el «Coloquio Colombo-Ecuatoriano «Cervantes y Montalvo»», organizado por la Casa de Montalvo en la ciudad de Ambato, don Julio Pazos Barrera, miembro numerario de la corporación, presentó la ponencia que compartimos a continuación.

Introducción

Siempre serán breves comentarios suscitados por la caudalosa obra escrita por Juan Montalvo Fiallos, breves debido a la riqueza de conceptos y al dominio de la lengua española conque se expresó.

Para un lector más o menos atento, los textos montalvinos se clasifican en tres géneros, a saber: el ensayo, la narrativa y el drama. No aparece el texto lírico, aunque en algún espacio de la producción se lea un poema dedicado a la Virgen de Agua Santa de Baños de Agua Santa.

Antonio Sacoto Zalamea, el escritor cañarejo, afirmó en su libro Juan Montalvo: el autor y el estilista[1], que Montalvo fue el creador del ensayo en lengua española. Los ensayos, a su vez, se aprecian como moralistas he enciclopédicos de Siete Tratados y Geometría Moral; políticos y moralistas de El Cosmopolita, El Regenerador y El Espectador; como los de insuperable diatriba de Las Catilinarias, La Mercurial Eclesiástica y Páginas Desconocidas[2]

El género dramático se manifiesta en cinco dramas agrupados con el título de El libro de las pasiones. Al género narrativo corresponden los episodios insertados en Siete Tratados, que son relatos de variada extensión. También en este género figuran los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes.

Luego de esta somera introducción se pasará al tema propuesto como contenido de esta exposición, Juan Montalvo: del insulto al humor. Pero antes y de modo muy ligero se comentarán los conceptos relacionados con el insulto y el humor.

La palabra insulto según el DLE[3] viene del verbo transitivo latino, insultare “saltar contra”, “ofender”. En una primera acepción es “ofender a alguien provocándolo con palabras o acciones”.

Existen diversos de insultos. Los hay intelectuales con términos como tonto, idiota, estúpide, zoquete, estólido…Conductuales: imbécil, inútil, energúmeno, chabacano, rastrero. Elegantes: badulaque, fatuo, crápula. Insultos comparativos: asno, burro, botarate, banco, piedra, etc.

En muchos casos el insulto se relaciona con la sexualidad, a los progenitores, a las discapacidades mentales de las personas que son insultadas.

Visto así el objetivo del insulto es molestar u ofender a alguna persona. Consultado el diccionario en cuanto a los sinónimos de la palabra insulto, se encuentran las siguientes voces: agravio, injuria, ofensa, afrenta, improperio, denuesto, dicterio, oprobio, vilipendio, ultraje, invectiva, vituperio, escarnio, apóstrofe. Se considera que cada una de estas palabras es polisémica y se la usa de acuerdo con el contexto histórico y cultural. El insulto en ciertas oportunidades acude al futuro de indicativo, así: “serás imbécil”, “serás necio”.

Se sabe que Montalvo nunca asumió el insulto de acciones, aunque se conoce que se enfrentó a golpes con Juan León Mera y es de suponer que usaron insultos. Del resultado de la pelea informa en una carta Pedro Fermín Cevallos, quien recomienda a Mera ciertos remedios para mitigar el efecto de los golpes[4].

El insulto

Traemos la muestra de insultos que Simón Espinosa Cordero registró en la Mercurial Eclesiástica. El personaje principal que provocó los insultos fue Mons. José Ignacio Ordóñez, quien prohibió la lectura de Siete Tratados. He aquí la lista: desventurado, clérigo semi-bárbaro, ignorante, vicioso, impío, temerario, escapado de los tribunales merced a su castidad, obispo corrompido, furioso, violento, miserable, traficante de iniquidad y perdición, engañador del pueblo, malvado, inquisidor de Felipe II, grosero, brutal, negro malcriado, mentiroso, Caín, cabo Ordóñez, cara de avestruz, clérigo flaco, galgo temible, zoquete, tonto, frente abyecta, impuro, mudo, burro de oro, clérigo de hacha y machete, tonto de siete suelas, asno, pobre diablo, cara de ceniza, picaruelo, que se unte la cara con excremento de vaca, clérigo esbirro, obispo desaforado, especie de verdugo, hombre malo, de turbias esperanzas, criminal de sotana, buitre gritón, difamador, hipócrita, cuarterón, envidioso, cobarde, bestia, José Ignacio Rasquíñez, monseñor de arroz seco, obispo de Pili-urco, perverso, entrañas de Satanás, esbirro de García Moreno, agua de charco, vestido de soberbia, lujuria, siete veces vestido, cabo pimienta con grado de alfajor, José fideos, José morocho con minúscula, José Ignacio escabeche, Pepe tamales, felón, ingrato, canalla, despreciable, falso profeta, ebrio de pasiones, hombre insensato, fregado, monigote, falso rey, bode (macho cabrío), José Ignacio Escudriñez, José Ignacio mata brujos…[5].

Como antes ya se transcribieron los tipos de insultos, en el conjunto de términos insultantes reconocidos por Simón Espinosa Cordero, pesado sería insistir en agruparlos en intelectuales, conductuales, arcaicos y en los que compara con animales y objetos. Así, el obispo es buitre gritón, comparado con un animal, dicho por su conducta se le atribuye entrañas de Satanás; José Ignacio mata brujos, el insulto se proyecta a la conducta que Montalvo atribuyó al obispo.

Pasamos a Las Catilinarias y para ellos citaremos unas líneas de Miguel de Unamuno, del prólogo que puso a una edición, en 1925

Cojí Las Catilinarias de Juan Montalvo, pasé por lo excesivamente literario del título ciceroniano […] y empecé a devorarlas. Iba saltando líneas; iba desechando la literatura erudita, iba esquivando artificio retórico. Iba buscando los insultos tajantes y sangrantes. Los insultos ¡sí! los insultos; los que llevan el alma ardorosa y generosa de Montalvo. […]la indignación lo que salva la retórica de Montalvo[6].

En el caso de Las Catilinarias la intención de Montalvo era la de ofender a individuos de la política, especialmente a Ignacio de Veintimilla, Juan León Mera, Urvina, José Modesto Espinosa. Se han hecho listas de insultos aplicados a Veintimilla; se mencionarán unos pocos: Ignacio de la cuchilla, excremento de García Moreno, réprobo de las naciones, cara de caballo, fauno asqueroso, manga de Urdemales, mudo, montón de carne, etc.

Páginas desconocidas es otro arsenal de insultos. Los dos volúmenes fueron conservados por el profesor Agramonte en la Universidad Nacional de La Habana. Salieron con otros escritos, de la famosa caja negra, que fue con Roberto Andrade a New York; los familiares de Andrade enviaron la caja al profesor Agramonte. Así, pues, en el panfleto Marcelino y medio, Montalvo aplica otros insultos a Nicolás Martínez y Juan León Mera: gentezuela, par de belermos, antropófagos, majaderos, mediocridades subalternas, pobres diablos, a Martínez, le dice cientopiés parado, el doctor era uno se los mamones, Mera el hijastro, el búho de Ambato, bobos, semihombres que todo lo hacen en cuclillas, carátula (eso no es cara) con hocico, enemigo, ruin , desorejado (Mera), gentuza entrometida y bulliciosa, gentuza desconocida y fandango, gentuza botarate y saltimbanqui, gentuza orejuda y rosquituerta, gentuza trotona y pedantesca, gentecilla ignorante y desesperada, poetizan en cuclillas. (Páginas 18,19,20, tomo 1).

Dentro del panfleto Marcelino y medio se encuentran otros insultos: “no sabemos qué sangre de perros correrá por las venas del búho de Ambato”, así con eso de búho bautizó Montalvo a Mera. Más insultos: su presencia es de un feo y despreciable cholazo”, referido a Mera. Cuando comenta el haber sido tachado de negro por parte de Mera, Montalvo dice: “no negree a la parte blanca”. No termina ahí, pues Mera “no pasará de necio”, “criado con anaco hasta los tres años”, “vea el búho de Ambato” lo que tiene ser tonto y sordo al mismo tiempo”. Concluye diciendo “Búho, búho de Ambato, pesado como un galápago, feo como un chihuahua, malo como un duende”.

En otra parte del panfleto los insultos prosiguen, dice a Mera, “ese pajaraco descuajeringado”; “un maromero habría hecho buenos reales exhibiéndole en su circo, haciéndole andar en dos pies y subir a una viga encebada, pobre mudo”.

En el panfleto Los incurables, que forma parte de Páginas desconocidas, los insultos son de esta terrible laya. Todos se dirigen a Juan León Mera: padre bárbaro, padre impío cuyo polen fecundante es un virus ponzoñoso; tu musa es una cosa horrible, tu musa es la hiena que se enfurece con la tierra, tu musa se levanta a frenéticas hocicadas y se harta de carne humana; tu musa es el chacal que aúlla siniestro […]; tu musa se te llega al oído en forma de culebra; tu musa es el fetiche que adora el salvaje; tu musa no respira, humea; tu musa no canta, chilla. Este apartado concluye con este párrafo: “el vampiro no es poeta, el verdugo no es poeta, la hiena no es poeta, el cerdo no es poeta, tu no eres poeta León Mera!

Este libelo fue escrito en Ipiales, a 12 de agosto de 1872. Digamos que la repetición anafórica sirva para intensificar la violencia de los insultos.

Páginas desconocidas prosigue con insultos en otros panfletos, por ejemplo, en “Prosa de la prosa”, arremete contra Manuel Gómez y Mariano Mestanza, Marcos Espinel, José Modesto Espinosa y León Mera (“con perdón que así se llaman”) a quienes “los tengo en el lazareto a estos leprosos”. No termina la diatriba contra Juan León Mera, a él se dirige cuando dice: “y tu el de cabeza quichua, Mera, redrofo de tamenes”. Si así es poeta León Mera, no hay más que echarlo al sumidero”. “Si sabe ñahui en vez de cara, tanda en vez de pan, tasin en vez de nido, mana-vali en vez de para nada. Hace veinte años no está rallando el runa-poeta”. Marcos Espinel es mirmidón horrible y León Mera es leproso criminal, lengua de estropajo, llena la andorga hasta el gollete, detractor perpetuo de las virtudes, apologista infatigable del crimen, perro, heroecillo, malhechor. Mestanza, en cambio, es Caifás.

La última publicación de la serie de libelos publicados en Páginas desconocidas es la “Proclama del excelentísimo señor Antonio Flores Mastuerzo a sus conciudadanos”. Se inicia con Mastuerzo que significa “hombre necio y porfiado” y sigue con “voz de títere”, “bellaco”, “autor de perversas frases”, “tonto”. Francisco Javier Salazar es Sarnasar y será el occipucio del Estado. Para Javier Salazar y familia, Montalvo aplica el siguiente insulto “Sucios Sarnazares”.

Hasta este punto he desarrollado el tema del insulto en las obras de Juan Montalvo, considerando que es apenas un registro incompleto realizado con la ayuda de los escritores Simón Espinosa Cordero y Miguel de Unamuno. Los insultos de El Cosmopolita se clasifican en las categorías antes mencionadas.

El humor

Recogeré algunos conceptos vertidos sobre el humor. De manera general le humor es rescatar el lado cómico, risueño o ridículo de personas y cosas. En el caso de las personas, el humor surge de sus conductas, mentalidades y costumbres, de hecho, situaciones insertadas en la sociedad.

Montalvo acudió a las técnicas del humor verbal, que en retórica se conocen como ironía, sarcasmo, hipérbole, anticlímax, antítesis, oxímoron, atenuación o litotes, alusión, silepsis, juego de palabras, sátira, parodia o paradoja. La descripción del chagra en la segunda Catilinaria se torna humorística porque pinta al individuo con todo lo opuesto al comportamiento de un caballero. El chagra no tiene modales en la mesa ni habla en castellano pulido; se viste de manera ridícula. Montalvo piensa que el chagra no es civilizado. El humor surge cuando se advierte la censura al presidente Urvina que nació en Píllaro, es decir, no en la capital de la Provincia.

En este caso la figura retórica de la descripción produce humor, surge la risa según Bergson (1859-1941)[7], porque el chagra descrito por Montalvo es un personaje tieso, contrario a la natural disposición de la sociedad criolla.

Siempre que el lector participe de las ideas del autor, asunto que en la actualidad no sea del agrado de antropólogos y artistas plásticos. Por otra parte, la intención del humor es provocar risa y amenidad.

La anáfora que es la repetición de una o más palabras[8], provoca humor y más todavía cuando se trata de censurar a Veintimilla, quien ha amenazado irse del Ecuador. Las ironías anafóricas se repiten veinte veces y la palabra clave es “Llorad” del verbo llorar. En la castiza lengua de Montalvo es “llorad” y no “lloren” como se usa en el español andino que evita el imperativo. Termina la figura mencionada con estas líneas: “¿qué llanto deplorable es ese que inunda los ámbitos de la razón? Lloran los hombres, lloran los eclesiásticos: se fue no lloran porque se va, sino porque no se quiere ir ni morir el bruto”. La ironía y el insulto contra Veintimilla siempre están presentes en las doce Catilinarias.

Para apreciar el modo de ser de Juan Montalvo conviene citar y reunir las opiniones del narrador y ensayista Juan Valdano Morejón[9]. Buscó siempre, dice Valdano, “insertar efectos humorísticos, en su estilo encaminado a ridiculizar a sus enemigos políticos” y, se pregunta: “¿Hasta qué punto un autor moralista, un libelista caustico como Montalvo, que echa mano del insulto, la burla y el sarcasmo, puede considerarse humanista?” Valdano, que busca una respuesta, se detiene en el análisis de ciertos recursos humorísticos. Menciona la ambigüedad: “No pertenece por entero ni al arte ni a la ética, aunque sí a una visión deshumanizante de la vida”. Otros recursos fueron la ironía, el sarcasmo, la burla, pero siempre con matices que buscan denigrar a sus enemigos.

De hecho, los lectores, a su vez, tendenciosos disfrutaron de este estilo. Dice Valdano: “Montalvo no era propenso a la expansión del ánimo, a la efusión espontánea de la alegría”. No pudo ser de otro modo, aun, en lo físico, el mismo se quejó de las huellas que le dejó la viruela, se dolió de su voz chillona que le impedía la disertación en público. Se comenta que por su voz no aceptación la diputación para la que fue elegido por los esmeraldeños. Pero todavía cuando le motejaron de “zambo”. La amargura de Montalvo impidió el humor, pero dejó campo a la ridiculización grotesca como la que aplicó a Juan León Mera, de quien dijo que orinaba sentado. La pobreza le lastimaba, así pues, cuando zurcieron las rodillas de los pantalones se molestó tanto con las manos voluntarias que para justificar su ira dijo: “un pantalón con rodillas desgastadas significa descuido, en tanto que zurcidas significa pobreza”.

Citaré a Enrique Anderson Imbert[10], a su vez, mencionado por Valdano; Anderson Imbert: “¡Qué hostilidad contra el mundo! Hasta las estrellas le parecían ‘asquerosos insectos que roen la bóveda celeste ¡’. Anderson Imbert cita a Montalvo: “La vida es una enfermedad para mí”, y añade estas palabras de Montalvo: “de buena gana clavaría un puñal en el género humano si fuera una sola persona”.

Estas expresiones nada tienen de humor. Empero, Juan Valdano dice que Montalvo trata de ser “jovial y sano”. Se inclina por la parodia, aunque termina con el insulto.

Su humor consiste en decir con seriedad cosas absurdas y ridículas. Juan Valdano concluye su estudio con estas líneas: “lejos de la risa jovial y distante de una visión del mundo optimista o liviana, lo suyo fue la risa amarga y hasta el humor negro […] lo que hay en ella es melancolía y desengaño. […] El suyo es un humor sin humor […] lo practicó a los tiranos, desprestigiar a beatos y desenmascarar a tartufos y para mostrarnos las formas de visibilidad y rigidez a la que puede llegar la vida humana cuando esta se aleja de la libertad”.

Estas fueron las opiniones de Juan Valdano y no dejan de ser verosímiles. Aunque y para terminar esta exposición cabe anotar que la lengua de Montalvo insultante o humorística es singular. Pudo Anderson Imbert criticar los párrafos interminables, las alusiones atosigantes, los anacronismos y neologismos escritos todos en la soledad más conmovedora, pero no pudo desconocer los aspectos esenciales, el primero de riqueza del lenguaje español, aspecto que orgullosamente Montalvo expresó en su comentario de Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, cuando dijo que ningún español peninsular se atrevió a escribir o siquiera a aproximarse al texto cervantino. El siguiente aspecto no queda en el tintero, el de la imaginación creadora, aquella imaginación que hizo que su Quijote no falleciera, como en el original cervantino, sino que continuara con sus experiencias andinas, como hizo notar el profesor del Instituto Caro y Cuervo, Iván Parra Londoño, en su estudio de la transtextualidad en novela montalvina intitulado, Transtextualidad entre Don Quijote y Capítulos que se le olvidaron a Cervantes: un nuevo enfoque narratológico[11].

Recuérdese que la intensidad de los textos literarios está como oculta en el devenir de los paradigmas y en la curiosidad de los lectores, aunque sean pocos. Montalvo nació en un país de ochocientos mil habitantes, de los cuales el noventa y cinco por cientos eran analfabetos. Partió a Francia después de denostar a su país en Las Catilinarias. En esos años, las colonias de españoles e hispanoamericanos en París eran considerables, estos leyeron Siete Tratados, Mercurial Eclesiástica, Las Catilinarias, El Espectador, lecturas que congratularon a Montalvo, puesto que alcanzó a disfrutar de lo que él denominaba “un país civilizado”[12].


[1] Antonio Sacoto Salamea, Juan Montalvo: el autor y el estilista, Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1973.

[2] Juan Montalvo, Páginas desconocidas, 2 tomos, Quito, Edición de la Casa de Montalvo, 2002.

[3] Diccionario de la Lengua Española. DLE.

[4] Pedro Fermín Cevallos, Cartas de Pedro Fermín Cevallos a Juan León Mera, Ambato, Pío XII, 1996.

[5] Simón Espinosa Cordero, prólogo de Mercurial Eclesiástica, Ambato, Ilustre Municipio de Ambato, 1960, pp. 43-44.

[6] Miguel de Unamuno, prólogo, Juan Montalvo, Las Catilinarias, Tomo primero, París, Casa Editorial Garnier Hermanos, 6, Rue des Saints- Peres, 1925.

[7] Henry Bergson, La risa, Ensayo sobre el significado de la comicidad, Buenos Aires, 2011.

[8] Bice Mortara Garavelli, Manual de retórica, Madrid, Cátedra, 1991.

[9] Juan Valdano Morejón, ¿Hay humor en Juan Montalvo?, Literatura y Lingüística, Número 18, 2007, Santiago de Chile, Universidad Silva Enríquez, pp. 19-34.

[10] Enrique Anderson Imbert, El arte de la prosa en Juan Montalvo, México City, El colegio de México, 1948.

[11] Iván Parra Londoño, Transtextualidad entre Don Quijote y Capítulos que se le olvidaron a Cervantes: un nuevo enfoque narratológico, Bogotá, Boletín de la Academia Colombiana, tomo LXVII, números 273-274, 2016.

[12] Juan Montalvo, El epistolario, Casa de Montalvo, p. 314.