«No santa Semana Santa», por don Carlos Freile Granizo

A los viejos nos acusan de sostener que todo tiempo pasado fue mejor, esto sucede sobre todo cuando tendemos a ser tradicionalistas o conservadores. Pero detrás de esta acusación se esconde una peligrosa tergiversación…

A los viejos nos acusan de sostener que todo tiempo pasado fue mejor, esto sucede sobre todo cuando tendemos a ser tradicionalistas o conservadores. Pero detrás de esta acusación se esconde una peligrosa tergiversación: no anhelamos mantener a la sociedad anquilosada y condenada a un presente inmutable y colmado de problemas, no. Tener unapostura conservadora significa buscar por todos los medios mantener lo bueno del pasado y corregir las malas herencias, mientras se busca mejoras reales para el futuro, no solo personal sino, sobre todo, de las nuevas generaciones.

Este modesto columnista sostiene la necesidad de mantener entre nosotros el respeto a las convicciones, formas de vida y sentimientos de un enorme conjunto de ecuatorianos, aunque no de la totalidad. En este caso me refiero a las conmemoraciones católicas. Estamos al final de la Semana Santa, el tiempo más importante en la vida y en la liturgia de los católicos. Nuestro Estado es laico, aunque durante muchos años adoleció de un laicismo enfermo, pues no guardaba neutralidad sino que se oponía a una de las religiones, justamente a la mayoritaria, el catolicismo. Hasta hoy, la sociedad no es laica, pues está compuesta por personas creyentes en número elevado. Antes, esta circunstancia movía a las instituciones a mantener un cierto respeto por la fe mayoritaria y sus manifestaciones.

En esta ocasión, hemos visto la programación de un partido de fútbol de la Liga Profesional el Viernes Santo, día dedicado a conmemorar y revivir laPasión de Cristo el Señor. No sé si entre los directivos de la Liga y de los dos equipos y entre los jugadores habrá algún católico, pareciera que no. Ignoro también si el jugador o jugadores católicos, si los hubiere, habría manifestado su desazón por jugar en un día tan especial.

¿Ninguno de los espectadores del partido es católico? Y, si lo es, ¿ha medido el significado de su asistencia al jolgorio deportivo en esta fecha? ¿O le da igual?

Podemos sacar una conclusión para nosotros, los creyentes: dejémonos de hacernos ilusiones, somos una minoría intrascendente, sin influencia alguna en la sociedad. Nuestros rituales convocan a miles de fieles, pero para algunos detentadores de cualquier poder se han convertido en folklore y en mera atracción turística, con las correspondientes falsificaciones y añadidos debidos no a devoción sino a fantasías mundanas sin bases ni espirituales ni tradicionales.

Este artículo se publicó en el diario La Hora.