
El 20 de junio de 2013 don Jacinto Cordero Espinosa se incorporó a la Academia en calidad de miembro correspondiente. En la ceremonia leyó el discurso titulado «La poesía ecuatoriana». Lo compartimos ahora con ustedes.
«La poesía ecuatoriana», por don Jacinto Cordero Espinosa
La palabra es característica fundamental del hombre y significa su relación con las cosas que le rodean y consigo mismo, el ser humano es el único que al nombrar las cosas las recrea como si recién existieran: río el fulgurante y rumoroso pasar del agua con sus espejos sucesivos, día la dorada luz radiante, noche la tiniebla que nos envuelve y de la que resucitamos cada mañana, montaña el alto mineral azul de la lejanía.
Pero las palabras además de significar y nombrar a veces, son poesía: por ejemplo etimológicamente recordar es volver al corazón, nostalgia dolor por el regreso.
Pero la poesía, la más alta y trascendental manifestación de la Literatura, además de significar simboliza y al nominar los seres, les saca de la nada.
La poesía está por encima del tiempo y las escuelas literarias, parece como si se hubiese escrito hoy Homero, Garcilaso, San Juan de la Cruz, Quevedo, Rilke, Whitman por nombrar algunos. Permanecen más allá del tiempo y de la muerte, los poemas con su esencial vida son criaturas que se agregan al universo.
La poesía auténtica es fruto de la inteligencia, de la razón pero fundamentalmente de la intuición que nos pone en contacto directo con la esencia de los seres, es consciente y subconsciente individual y colectivo.
La poesía es palabra, silencio y música, Inclusive el verso libre que ha roto las ataduras tiene su propia melodía interna.
Durante mucho tiempo se confundió y se confunde la poesía con el verso como si fuesen sinónimos, lo que es un error. La gran poesía como los versículos de la Biblia o los poemas de Whitman son versos libres, incluso en la poesía versificada más que la métrica y la rima se impone el fondo y no la forma. Valery afirmaba que la poesía debe ser escrita con la precisión de un reloj, pero no hay que mostrar el mecanismo.
Alguna vez dije que la poesía es la manifestación más alta del conocimiento, que la religión y la filosofía se basan en esta vieja matriz que da lugar a los mitos y los dioses. Tal vez la creencia o creación de seres inmortales sea un inmenso poema fruto de nuestro terror y desconcierto frente a la muerte y al universo.
La poesía ecuatoriana no ha sido apreciada y difundida como se merece. Afirmé sin ambages que nuestra poesía puede codearse de igual a igual con la mejor poesía del mundo.
Los grandes poetas ecuatorianos con excepción de Olmedo son todos del siglo XX, Medardo Ángel Silva, Ernesto Noboa y Caamaño, Arturo Borja, Alfonso Moreno Mora, Jorge Carrera Andrade, Gonzalo Escudero, Alfredo Gangotena, César Dávila Andrade.
Comparto el criterio de Hernán Rodríguez Castelo que los poemas son más representativos que los poetas, es por esta razón que citaré extensamente en este estudio poemas de los autores mencionados.
Luego del neoclasicismo, el romanticismo, el parnasianismo a fines del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX, de 1895 a 1930, surge el modernismo con algunos rasgos nostálgicos del romanticismo, bajo la influencia de Rubén Darío, pero también de poetas como Baudelaire y Verlaine. Este movimiento truncado por el suicidio de Medardo Ángel Silva y Arturo Borja y la breve existencia de Ernesto Noboa y Caamaño y Humberto Fierro fue llamado por Raúl Andrade la Generación Decapitada, a ella hay que agregar dos nombres capitales José María Egas y Alfonso Moreno Mora, este último gran aporte cuenca no a la lírica modernista.
Los temas del modernismo son la muerte, el hastío de vivir, la melancolía y sus versos son refinados, evasivos ajenos a nuestra tierra y cultura. Poblados de ninfas, de princesas, de náyades, de cisnes, de castillos de la cultura y mitología europeas, pero como la poesía es fundamentalmente palabra crearon una triste y hermosa lírica llena de melodía.
El mayor de estos líricos fue Medardo Ángel Silva (Guayaquil 1898-1919) quien venía de abajo del pueblo llano frente a sus coetáneos aristócratas.
Su libro más importante “El árbol del bien y del mal” (1917) fue editado mientras vivía el poeta, su hondo lirismo de sombras y nuevas auroras, como un adiós a la vida es uno de los más hermosos de la poesía ecuatoriana. Citamos “Ofrenda a la muerte”
Muda nodriza, llave de nuestros cautiverios,
Oh, tú que a nuestro lado vas con paso de sombra,
¡Emperatriz maldita de los negros imperios!
¿cuál es la talismánica palabra que te nombra?
Puerta sellada, muro donde expiran sin eco
de la humillada tribu las interrogaciones.
así como no turba la tos del pecho hueco
la perenne armonía de las constelaciones …
Yo cantaré en mis Odas tu rostro de mentira,
tu cuerpo melodioso como un brazo de lira,
tus plantas que han hollado Erebos y Letheos.
y la serena gracia de tu mirar florido
que ahoga nuestras almas, exentas de deseos
en un mar de silencio, de quietud y de olvido.
Arturo Borja es quizás el poeta más melodioso y refinado de esta generación. Sus palabras suenan más allá del verso como un violín que tocara una música delgada y triste. Transcribimos “Visión lejana”.
¿Qué habrá sido de aquella morenita,
trigo tostado al sol que una mañana
me sorprendió mirando a su ventana?
Tal vez murió pero en mí resucita.
Tiene en mi alma un recuerdo de hermana
muerta. Su luz es de paz infinita
Yo la llamo tenaz en mi maldita
cárcel de eterna desventura arcana
Y es su reflejo indeciso en mi vida
una lustral ablución de jazmines
que abre una dulce y suavísima herida
¡Como volverla a ver! ¿En qué jardines
emergerá su pálida figura?
¡Oh, amor eterno el que un instante dura!
Ernesto Noboa y Caamaño es el más poeta de su generación, su temas, la melancolía, su invocación a la muerte que le llegaría en plena juventud, dan a su verso un tono nostálgico. Su poema más logrado es “Emoción vesperal”.
Hay tardes en las que uno desearía
alejarse y partir sin rumbo cierto,
y, silenciosamente, de algún puerto,
irse alejando mientras muere el día.
Emprender una larga travesía
y perderse después en un desierto
y misterioso mar, no descubierto
por ningún navegante todavía.
Aunque uno sepa que hasta los remotos
confines de los piélagos ignotos
le seguirá el cortejo de sus penas,
y que al desvanecerse el espejismo,
desde las glaucas ondas del abismo,
le tentarán las últimas sirenas.
Alfonso Moreno Mora, un gran poeta olvidado, es el aporte cuencano al modernismo. Sus temas son la paz campesina, la. Infancia, la soledad y su propia alma su poema Autobiografía es uno de los más hermosos de la lírica nacional.
Mi vida: una mariposa.
El vidrio de una ventana.
Afuera el jardín, la rosa
la gracia de la mañana.
Ver y no gozar la vida,
corta, para tanto anhelo;
y sentirla cohibida
con dos alas para el vuelo.
Afuera la primavera
Revuela, canta, perfuma;
la luz del sol reverbera,
se va en el agua la espuma.
Todo es tálamo, amorío,
amor, pasión y locura.
De volar, sería mío
el jardín de la hermosura.
Adentro … nada hay adentro,
que estoy afuera y no estoy;
y sobre el cristal me encuentro,
y tras el cristal me voy.
Pobre vida! Mariposa …
Vida que no realicé,
vida de vivir ansiosa
y que, ansiando, la anulé.
Copo de espuma en la arena,
mientras el río se va;
vida con angustia y pena
de lo que nunca será …
Suave vellón en la zarza
deja la oveja prendido
dentro del nido lo engarza
el ave, al hacer su nido.
La linfa que deja el río
ablanda a la dura roca;
se evapora y de rocío
ser refrigerio le toca …
Pobre vida, vida mía,
mariposa en la ventana.
Pasa un día y otro día,
Una noche, una mañana!
Pasan y siempre es lo mismo:
afuera todo, y adentro
nada, sino el fatalismo
de no haber hallado el centro.
Quiere volar y porfía …
quiere salir, y no acierta …
hasta que han de verla un día
al pie de los vidrios, muerta …
Surge el posmodernismo con poetas capitales: Jorge Carrera Andrade, Gonzalo Escudero y Alfredo Gangotena.
Carrera Andrade vuelve su mirada y su palabra a nuestra hermosa geografía.
Sus metáforas son una maravillosa y mágica cetrería y cacería de imágenes pobladas de pájaros de fuego, de mariposas azules que parecen pedazos de cielo, de leopardos cuyas manchas de la piel simulan el envés y el revés de las hojas de la selva iluminadas por el relámpago. La nuez es “cerebro de duende paralizado por la eternidad”, la chirimoya palabra quichua que significa semilla fría es “talega de brocado que envuelve el dulzor de su nieve redonda”. Alta y deslumbrante poesía casi material sobre los temas de nuestra tierra y sus habitantes.
En su esplendorosa madurez busca en lo más profundo de su mar interior con temas esenciales como la soledad y la muerte, de las cuales vuelve como un náufrago salvado de las aguas en las orillas del tiempo, trae como un tesoro secretas premoniciones, expresiones de su alma en medio de la soledad cósmica del ser y de las cosas. Cito “Viaje infinito”
Todos los seres viajan
de distinta manera hacia su Dios:
La raíz baja a pie por peldaños de agua.
Las hojas con suspiros aparejan la nube.
Los pájaros se sirven de sus alas
para alcanzar la zona de las eternas luces.
El lento mineral con invisibles pasos
recorre las etapas de un círculo infinito
que en el polvo comienza y termina en el astro
y al polvo otra vez vuelve
recordando al pasar, más bien soñando
sus vidas sucesivas y sus muertes.
El pez habla a su Dios en la burbuja
que es un trino en el agua,
grito de ángel caído, privado de sus plumas
el hombre sólo tiene la palabra
para buscar la luz
o viajar al país sin ecos de la nada.
Gonzalo Escudero es un poeta que talla el lenguaje y le faceta como a un diamante que destella e ilumina sus profundos motivos iluminados y abismales.
Sus libros son de una perfección formal no superada en la poesía nacional. Transcribimos un fragmento de su poema “Preludio”
He transitado media centuria por el mundo
sin más celeste yelmo que mi honra castellana
ni más intimidad que mi sueño profundo
bajo el paisaje adusto de mi máscara humana.
A la justicia amé sobre todas las cosas
por ella quebré el hierro de mi lanza
para que florecieran en mis heridas} rosas}
y ascuas en la tiniebla de mi desesperanza.
Mi diálogo con Dios ha sido jubiloso.
El agua no tiene otro lenguaje de inocencia.
Así puede llegar al hontanar del gozo
y embriagarme con toda sideral transparencia.
Me bastó el regocijo de estar solo a mi guisa,
dormitado apenas por mi recuerdo umbroso
alguna vez mi arcángel de ceniza
me trajo en el perfume de su hálito un sollozo.
En toda soledad estuvo Dios conmigo
y su brisa en la brasa fragante de mi leño.
Así supe entornar en la noche el postigo
para el aprendizaje de la muerte en el sueño.
El ocio de la muerte me visitó a menudo
con su dejarme estar a mi cuerpo yacente
y el idioma del agua sosegarme pudo
con el finado arpegio del manantial muriente…
Alfredo Gangotena, tal vez la mayor definición de su poesía sea el título de uno de sus libros “Tempestad secreta”.
Su poesía es en realidad una tempestad interior de alta lírica, de olas amargas que llegan a las playas de su espíritu. Su poesía escrita casi todo en francés salvo “Tempestad secreta” en español es un clamor estremecedor, un buceo abisal y desgarrado, un lamento. Poesía hermética toca el fondo de la condición humana.
Su lírica surge de su propio yo, de su soledad de su tiniebla. Su tono es a la vez sinfónico y trágico, de versos libres de largas líneas como un versículo. Cito un fragmento de “Cuaresma”
Ahora que una fuerza extraña me hace crujir los dientes
Que un silbido oceánico de tromba me quiebra los ojos,
En mi alma sopla el eco de una voz profunda.
Soledades de un mundo abstracto.
Soledades a través del espacio melódico de los cielos.
Soledades, yo os presiento.
¡Oh Pascal
El espíritu de aventura y de geometría,
Me aprisiona en avalancha.
¡Y acaso yo no soy sino el acróbata
Sobre las geodésicas y los meridianos!
Pero como tú, pequeño Blas, antaño,
De espaldas bajo las sillas
Estoy royendo con gran estrépito los travesaños.
¡Oh nupcial estación de la desposada!
El pentecostés de las hojas de otoño ilumina los vidrios,
¡Recuerdo! ¡Oh paciente y dulce memoria vivificando sus aguas.
En el amoroso y cálido recinto de las cortinas!
¡aletear vertiginoso
De las alas bajo la sienes
Sombra interna de mis manos!
Ruta solar de mi potencia
y ruta del pan: violenta espiga
Las ávidas pupilas del escolar se consumen a la sombra de los desvanes
Las goteras siembran sus gladiolos de cristal
y toda la granja sucumbe en la gracia de Dios…
Y llegamos a la culminación del posmodernismo con César Dávila Andrade (Cuenca 1918-1967), el mayor poeta de su generación con el que se cierra la gran poesía del siglo XX.
Alguna vez dije “Que este poeta en medio de la más grande necesidad física, atormentado por terribles agonías, acosado por la pobreza caminaba y de su corazón brotaba una de las más desgarradoras y bellas poesías que se han hecho en el Ecuador en todos los tiempos”.
Sus temas son el retorno a lo telúrico, a la cordillera, a sus cumbres de soledad, a los abismos, pero también a sus habitantes despojados los indios, azotados por siglos de explotación y castigo.
Su poema a la cordillera, «Catedral Salvaje», es un mural barroco que abre y canta inmensos horizontes de soledad y de piedra. Con «Boletín y elegía de las mitas» llega a su más alta poesía.
Boletín es una denuncia sobre nuestra patria caminada a látigo, cuando su economía se basaba en la explotación del hombre por el hombre. “Catedral salvaje” (Caracas 1951) es un salmo a la altura que descubre y oculta la neblina con su sudario.
Luego de sus poemas “Arco de instantes” (Quito 1959), “En un lugar no identificado” (Mérida 1963), “Conexiones de tierra” (Caracas 1964), “La corteza embrujada” (Caracas 1966), su lirismo se torna abismal, secreto y esotérico, influenciado por la mística y las escuelas filosóficas orientales, que se recoge después de su muerte en “Materia real” (Caracas 1970). Tres años antes traspasó la puerta de la tiniebla sin retorno de la muerte, cuya cerradura abrió con sus propias manos y que había presentido en su poesía. Cito fragmentos de su poema “Origen”
Ahora sé que me dieron esta alma en medio de una batalla.
Alucinado por las cerillas enemigas
miré el cadáver de mi madre bajo el Cisne que la amaba.
Vine a diferenciarme de vosotros, parientes,
Minerales, Arcángeles.
Mi infancia no os perteneció
Me alimenté solo, como un espejo extraviado
en el fondo de un bosque.
Mi cuna fue el festín en la bola de barro.
Devoré las rodillas de mi nodriza
sorbí los largos ojos de las mujeres que me veían salir de un ángel
y fui aceptado con el vestido de la oruga blanca
Entre huestes remotas y nombres hereditarios,
luché,
ensangrentado de misericordia y de crimen.
(Oh tremenda víspera de venir al mundo con los ajusticiados.
En la materia termina el entusiasmo del altísimo).
Iba mi madre a lejanías iguales por el cuarto.
Un hombre, en la litera plana de los santos,
envejecía antes y después de mi.
Tomaba su café profundamente
como si fuera agonizando a sorbos;
se peinaba con un peine de hueso reidor,
miraba su ataúd de madera de maíz.
Para terminar dejo constancia de mi agradecimiento a la Academia Ecuatoriana de la Lengua al haberme designado como uno de sus miembros.



