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«En el cincuentenario de El País: ¿qué hacer con tanto error inexcusable?», por doña Susana Cordero de Espinosa

Hablamos de nuestra lengua, de la necesidad de dominarla, y durante los largos años transcurridos desde que comencé mi lectura del diario El País…, mucho ha cambiado en este periódico, que en tantos sentidos es ejemplar...

Hablamos de nuestra lengua, de la necesidad de dominarla, y durante los largos años transcurridos desde que comencé mi lectura del diario El País, mucho ha cambiado en este periódico, que en tantos sentidos es ejemplar; abogo de corazón porque lo siga siendo, y precisamente por esto, me veo forzada a mostrar algunos de los errores flagrantes que se publican tal cual en tantos artículos, y el desinterés por el valor y la belleza de la lengua en que escribimos, que se nota en los trabajos de los cuales extraje las faltas que mostraré.

No cito nombres de autores, títulos ni fechas de publicación, (los errores consignados corresponden en su mayoría a artículos de 2025). Solo traslado oraciones, algún párrafo completo o un fragmento, que, literalmente, he copiado del diario. No interesa acusar a un escritor ni, mucho menos, criticar su opinión; tampoco, conocer quién cometió el desliz, sino cuál es o fue este.

El País, como todo periódico, es responsable de los errores publicados.

Van las citas aludidas:

¿Qué sigue? A saber. Hasta ahora el mundo parece paralizado frente al buleador….

Este buleador se inventó el escritor ¿no cabía mejor acosador? Ojalá la RAE, luego del varapalo que recibió de Pérez Reverte, opte por no aceptarlo.

Y sigue el mismo artículo: Y aunque todos sabemos que un buleador no se detiene hasta que alguien le muestre que sus excesos le impondrán un costo, unos y otros prefieren ceder un poco cada vez, con el ánimo de que se de por satisfecho y volteé a otro lado. Debió escribirse: …con el ánimo de que se dé por satisfecho y voltee… DÉ y VOLTEE, son formas que corresponden, respectivamente, a la tercera persona del presente de subjuntivo de dar y voltear: Que algún hecho bueno se dé, no queremos que la suerte se voltee… Volteé la taza y se regó mi té.

Una visita durante su infancia a la selva de Chiapas la cual le sorprendió por su exhuberancia natural

Debió escribirse exuberancia.

A ratos, al mirar estos traslados, me pregunto si al copiar el párrafo la IA cometió este desafuero por no sé qué arte del error, que, en todo caso, va aquí, porque exhuberancia está escrita con una hache intermedia que se halla de más en la palabra, pero luego, al hablar del malhadado Trump, se escribe correctamente: Llegaba tan exuberante… Si seguimos, hay que aclarar que el susodicho no podía llegar exuberante de invadir Venezuela, sino por haberla invadido. Triste exuberancia.

Alberto Núñez Feijóo. Su conducta cuadra mal con su ideario, por la inconsistencia vaporosa del mismo o porque recurre a esa indefinición como pócima de sus tensiones internas… entre el cuate de Javier Milei y gentes de pasado moderado como Borja Sémper…

¡Ya era hora de que llegara este el mismo, la misma, y para citar al galleguísimo Feijóo!

Vieja falta idiomática corregida mil veces, que hoy cunde como nunca. He aquí el párrafo sobre el tema que nuestro antiguo Esbozo de una nueva gramática de la Lengua española, de la Real Academia, trae en su edición de 1978:

“Conviene llamar la atención sobre el empleo abusivo que la prosa administrativa, periodística, publicitaria, forense y algunas veces la prosa técnica hacen hoy del anafórico el mismo, la misma, por considerarlo acaso fórmula explicita y elegante. Pero no pasa de vulgar y mediocre, y cualquiera otra solución: pronombre personal, posesivo, etc., es preferible: Fue registrado el coche y sus ocupantes (no: los ocupantes del mismo)”. “La fecha es ilegible, pero se lee claramente su firma debajo de ella (no: debajo de la misma). Trazado y apertura de hoyos (no: trazado de hoyos y apertura de los mismos). Recuerden, por favor, el mismo, la misma y sus plurales son ‘formas vulgares y mediocres’…

Metidos ya en este juego (que todo es jugar, como quieren los buenos), vamos con la escritora Siri Hustvedt, que ha manifestado, literalmente: Me siento obligada a hacer lo posible para evitar la reelección de este personaje… a propósito del que sabemos.

Reinventan al anciano cada vez más frágil, grueso y de facultades intelectuales mermadas como una criatura musculosa y a prueba de balas, propia de los cómics y la ficción cinematográfica.

Este párrafo, en su primera parte, describe de manera excelente al personaje de nuestra pesadilla, y en la segunda lo compara completa y cabalmente con los muñecos propios de una ficción, pues lo es: pura y trágica ficción.

Finalmente, el broche de oro para no olvidar a Maduro, hoy presidiario más allá de que se haya aprobado o no su extracción, porque esto de extracción también se ha usado en El País a propósito de lo ocurrido en la invasión a Venezuela. Extraer significa arrancar, extirpar, no, sacar a un individuo del lugar que ocupa: Se extrae una muela que duele; se extirpa el tumor.

Aunque el que sabemos llegó y extrajo al hoy exgobernante venezuelano…, y, sin duda, seguirá extrayendo todo lo extraíble de cualquier lugar del mundo. ¡Será?…

Nos preguntamos qué pasó con los correctores de estilo: ¿mantenerlos tiene un costo desmedido para la capacidad económica de este periódico? Ante esta tolerancia, ¿dónde y cómo queda el respeto al lector?; ¿en qué rincón yacen el amor y el cuidado por nuestra lengua?

Este artículo se publicó en el portal de Plan V.