«José Modesto Espinosa, el historiador de lo cotidiano», por don Benjamín Ortiz Brennan

En abril de 2025 se llevó a cabo el simposio «La Academia Ecuatoriana y el Estado nacional». En el encuentro, don Benjamín Ortiz Brennan presentó esta ponencia sobre don José Modesto Espinosa.

En abril de 2025 se llevó a cabo el simposio «La Academia Ecuatoriana y el Estado nacional», organizado por la corporación, la Universidad Andina Simón Bolívar y el Colegio de América, sede Latinoamérica. Para la ocasión, don Benjamín Ortiz Brennan presentó una ponencia sobre don José Modesto Espinosa. La compartimos con ustedes a continuación:

La celebración de los 150 años de la fundación de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, ha sido la oportunidad para volver sobre los textos de José Modesto Espinosa. Encontré en su obra un estilo fresco y fluido. Es un escritor que se aparta del barroquismo de otros autores contemporáneos suyos, como pueden ser Montalvo y Mera. El lenguaje de Espinosa es claro, rico y directo; fluye como si fuera un torrente colorido y fácil, de manera que quien lo lee al cabo de siglo y medio, lo encuentra atractivo, ingenioso, acertado en la selección de términos y temas, amplio en el enfoque. Su militancia política conservadora no lo encierra en el fanatismo, más bien, de tiempo en tiempo se refiere al liberalismo con pluma sarcástica, con humor unas veces, severo en otras, pero sin odio.

José Modesto Espinosa y Espinosa de los Monteros, fue el primer secretario y fundador de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, un prominente personaje de su tiempo, cuya trayectoria intelectual y personal es contemporánea a la de otras eminencias de las letras y la política ecuatoriana. Nació en 1833, mientras en 1832 vinieron al mundo Juan Montalvo y Juan León Mera, y en 1833, Luis Cordero y Antonio Flores.

La vida de Espinosa cursó por los caminos de la política, el periodismo y la literatura. Como solía ocurrir, por lo general, con personajes de los sectores educados y con recursos de la época, participó activamente en la vida pública, unas veces en posiciones de gobierno y otras en la oposición. La primera participación de José Modesto Espinosa en la vida pública, se dio a la sombra de su hermano mayor, Javier Espinosa, quien fuera ministro de gobierno del General José María Urbina, de orientación liberal.

José Modesto Espinosa vivió los años turbulentos que culminaron con la presidencia de Gabriel García Moreno que unificó al país, proclamando que el valor compartido de los ecuatorianos era la fe católica. García Moreno impuso con mano de hierro los hitos para la organización del Estado, el progreso y expansión de la educación, el desarrollo de las ciencias, la construcción de vías que unan valles y montañas, selvas y playas, dispersos en una geografía relativamente pequeña, en términos de país, pero colosal por ser caprichosa e inexpugnable. Para entonces, José Modesto Espinosa estaba alineado con el presidente conservador.

En parte del período garciano, José Modesto Espinosa fue Concejal de Quito entre 1871 y 1877. Al mismo tiempo tuvo una intensa actividad como escritor. “Fue el articulista de su generación —dice Hernán Rodríguez Castelo— y las calidades que logró en esos pequeños y deliciosos productos guardan relación con la asiduidad y exclusividad con los que los trabajó, animando no menos de 20 revistas de la segunda mitad del siglo XIX”[1].

Su hermano, Javier Espinosa, quien fuera ministro de Urbina, fue elegido presidente de la República para completar el período de Jerónimo Carrión, quien renunció al cargo tras suceder a García Moreno. Javier Espinosa no tuvo los dotes para mantenerse en el poder y resultó depuesto. Tras otra sucesión repentina, parecida a las que siguen dándose en el Ecuador del siglo XXI, llegó al poder Gabriel García Moreno para su segunda presidencia. José Modesto Espinosa se mostró entonces como un entusiasta admirador del presidente y escribió, un célebre artículo “García, el Grande”, pasando por alto que el derrocamiento de su hermano Javier abrió el camino de García Moreno al poder por segunda vez.

La oposición política ha existido en nuestra república desde siempre. Y por supuesto hubo y fue muy dura con los sucesivos gobernantes en el Siglo XIX. Aquella oposición política tenía una peculiaridad, no se conformaba con criticar, quería también derrocar al gobierno. La respuesta desde el poder era el exilio de opinantes y acusadores. Tal fue la suerte de José Modesto Espinosa frente al General Ignacio de Veintimilla, dictador fiestero y cruel, a quien combatió duramente y como resultado de ello fue enviado al exilio.

En distintos momentos de su vida, José Modesto Espinosa fue periodista, escritor satírico de aguda y brillante pluma, político y como tal ocupó altos cargos en gobiernos de la época. Fue también ministro del Interior y de Relaciones Exteriores en el gobierno del Presidente José María Plácido Caamaño y después llegó a Presidente de la Corte Suprema de Justicia, cargo en el que permaneció hasta la llegada de la Revolución Liberal. Poco después, Eloy Alfaro lo destituyó y acusó de conspirador derechista y le dio ocho días para abandonar el país. En efecto se marchó fuera, pero volvió y en 1902 fue electo senador por la provincia de Pichincha. Fue nombrado miembro de la Academia de Bellas Letras de Sevilla. Sus escritos habían trascendido el espacio nacional.

El recuento de la vida pública de José Modesto Espinosa nos lleva a recorrer la historia oficial, aquella que nos habla del poder, de la lucha política entre liberales y conservadores, de carcelazos y exilios; pero hay otro escenario del Ecuador que José Modesto Espinosa revela en los artículos costumbristas, de humor y crítica social. Es el Ecuador de la vida cotidiana, el país de la gente común, no el de los personajes. En esos escritos. a título de sátira o descripción mordaz, nos muestra al pueblo, a los quiteños y ecuatorianos del siglo XIX en su caminar y rezos, sea cuando se levanta el censo o cuando las familias y las parejas pasean por la orilla del río Machángara, o inventa situaciones de ficción cuando supuestamente los periódicos liberales van a parar en un convento de monjas.

Antes de la Revolución Liberal, nuestro autor escribió un artículo que lleva fecha 9 de septiembre de 1872, en estilo epistolar, dirigiéndose con el nombre de Bonifacio a un supuesto amigo de nombre Rudecindo, a quien le relata como unas piadosas monjas se convirtieron en “monjas liberales”. La historia comienza por el pedido de una religiosa, supuesta hermana suya, para que le provea de papeles que no valgan nada destinados a envolver pastillas de chocolate. Bonifacio le envía los periódicos liberales, considerando que es el impreso más inservible que pueda encontrarse.  Las monjas devoran las páginas, guardan los periódicos, y prefieren envolver los chocolates en ejemplares del Año Cristiano.

Sor Liberata de la Transfiguración se declara libre pensadora. Sus partidarias acusan a las demás de oscurantistas, retrógradas, enemigas del reinado de la razón. La Superiora se queja a Bonifacio de “¿Cómo no vio que en esos papeles venía envuelta la cola del enemigo malo, que nos iba a convertir en una segunda Babel a la pacífica mansión que guardan estos muros?”[2]. Las monjas se declaran iguales y afirman que todas tienen derecho al mando. ¡Guerra a la autoridad! proclaman. Se unen en una junta llamada “meeting” en lugar de rezar el Santo Oficio.

Y qué deja al lector, nos preguntamos, esta pieza de humor. La moraleja parecería ser que el Liberalismo lleva a la anarquía. No lo dice explícitamente; pero la conclusión queda en el aire.

En el artículo “Las literatas” pinta a la mujer del desconcertado marido que de tanta lectura ha perdido el seso y le habla en verso: “Lleva Nereida, mi lavandera, Cinco camisas de lino puro, Ocho fustanes, diez pañuelitos, Dos trajes claros y un verde-oscuro. Pares de medias van diez y nueve, De Fabio bello tres calzoncillos, Tres camisetas y dos chalecos, Y de su amada cuatro manguillas”. Cuenta que Florinda, la mujer, “no se duerme sino es embriagada de poesía y al despertarse por la mañana se santigua con un soneto”[3].

Se queja también Espinosa de que el Gobierno haya prohibido la celebración de Corpus en el campo, porque se había convertido en motivo de beodez para los indígenas. Ante esa prohibición, los indígenas vienen a celebrar la fiesta en la capital. “Dieron las 12 del mismo día 18, dice, y fue el comienzo de la alegría porque muchedumbre de indígenas bailaban por las calles al son del tamboril y el pífano, únicos instrumentos músicos de sus fiestas. Todos los danzantes andaban, de mil extraños modos, vestidos a manera de salvajes, y llevando sendos y largos palos de chonta, con las puntas aguzadas como lanzas; y les entrelazaban y golpeaban al compás de la danza, haciendo ademanes de embestir unos con otros, y dando gritos cual si fueran los antiguos poseedores de esta tierra, en el acto de celebrar sus fiestas guerreras”[4].

Nos cuenta que la fiesta de Corpus duraba varios días y convocaba a toda la ciudad. La población entera participaba en la procesión. La marcha estaba encabezada por los indígenas   de quienes dice “son los adoradores del Sol, regocijados en la fiesta de Corpus”. Arzobispo, Ministros de la Corte Suprema, comunidades religiosas, niños de las escuelas, la columna de artillería, los empleados de poder ejecutivo; cada cual está descrito con la prolijidad y gracia de un pintor que pone vida y color con las palabras.

Los artículos de costumbres, no son siempre de humor, algunos condenan eventos públicos como las corridas de toros, los toros de pueblo. Así dice: “Hemos abolido la pena de muerte, porque nuestros políticos sentimentales y humanitarios padecen convulsiones nerviosas y vértigos y desmayos, cuando un bandido sube los peldaños del cadalso. ¡Oh virginal ternura de corazones, infantil delicadeza de afectos! nuestros regeneradores se caen patas arriba si ven una mancha de sangre o delante de ellos se mata un sapo; ¡y restablecemos una costumbre bárbara y anticristiana, y nos solazamos con un espectáculo cruel y sangriento! ¿Qué significa esto, caballeros? garantizamos la vida a los asesinos, a los incendiarios, a los bandoleros, porque la muerte del hombre a manos de la ley desdice de los principios humanitarios del siglo XIX; y restauramos una costumbre altamente inmoral que nos pone delante de los ojos, como pasatiempo, docenas de hombres magullados, heridos, despedazados por furibundos animales; y son suave música a nuestros oídos los quejidos de los moribundos, y se recrean nuestros ojos en la sangre humana que corre por el suelo, y en la terrible agonía de los desdichados que los toros pasean colgados por las entrañas”[5].

Las obras completas de José Modesto Espinosa se publicaron en Alemania. La edición correspondiente anuncia que va con el retrato del autor y un prólogo del editor. Tipografía pontificia de B. Herder. Friburgo de Brisgovia (Alemania). 1899.

El libro editado en Alemania de “Artículos de Costumbres” se encuentra en edición digital en la Biblioteca de la Casa de la Cultura. También forma parte de la Colección Ariel que publicara hace más de medio siglo Hernán Rodríguez Castelo.

Vale la pena citar al editor alemán quien dice en 1899: “Desde hace mucho tiempo todos los ecuatorianos que aman el verdadero lustre de la literatura patria han deseado que se publiquen en libro aparte los innumerables artículos que, durante largo tiempo, han ido brotando de la distinguida y castiza pluma del doctor José Modesto Espinosa, eminente escritor quiteño, y honra de la literatura ecuatoriano en nuestros días”.

Espinosa es un escritor que publicó también artículos biográficos y de polémica política, que se anuncian como futuras ediciones en Alemania, pero que no he podido rescatar para presentarlos en esta importante ocasión. En todo caso, José Modesto Espinosa es una de las luminarias de nuestra literatura del siglo XIX, ilustre antecesor del actual Secretario de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, Don Diego Araujo Sánchez.

Quito, 16 de abril de 2025


[1] Artículos de Costumbres. José Modesto Espinosa. Introducción por Hernán Rodríguez Castelo. Clásicos Ariel. Impreso en Cromograf S. A. Guayaquil, p. 11.

[2] Artículos de Costumbres. José Modesto Espinosa. Clásicos Ariel. Impreso en Cromograf S. A. Guayaquil, p. 84.

[3] Ibid, p. 73.

[4] Ibid p. 28 y p. 114.

[5] Espinosa, José Modesto (1899). Obras completas del Dr. José Modesto Espinosa. Tipografía Pontificia de B. Herder. Friburgo de Brisgovia. Introducción. Biblioteca Digital CCE.