
El pasado 17 de enero de 2026 se llevó a cabo la sesión solemne en la que don Carlos Arcos Cabrera se incorporó a la Academia Ecuatoriana de la Lengua en calidad de individuo de número. A continuación podrán leer las palabras introductorias que don Francisco Proaño Arandi, director de la AEL, leyó en la ceremonia.
Hace seis años, en el acto de su incorporación a esta institución como flamante miembro correspondiente, Carlos Arcos Cabrera, reflexionó profunda y detenidamente en su fecunda trayectoria intelectual y, de modo especial, en las implicaciones y perspectivas abiertas de ese traspaso del sociólogo y pensador que fuera y sigue siendo al del artista creador de ficciones, es decir a la del novelista o, para definirlo de un modo más extenso, a la condición de narrador. Expresó entonces en su discurso de incorporación algo sin duda traspasado de hondas connotaciones: “Leo y escribo —enfatizó— para tener más de una vida” y añadió: “Espero en secreto que una frase, un fragmento de un párrafo sobreviva a la precariedad de la vida; que una voz anónima repita como si fuese Homero, aún sin saberlo, que unos navegantes tomaron ‘el húmedo camino del mar'», y así fue discurriendo, citando fragmentos memorables de autores tan dispares y a la vez conexos, como César Vallejo, Neruda, Dávila Andrade y, entre otros, Cervantes.
Traía en su valija una dilatada trayectoria que abarcaba distintos textos de reflexión sobre la realidad del país, sobre sus avatares sociales, económicos y políticos, junto a originales disquisiciones de índole literaria, y a una saga de varias novelas que habían suscitado la atención del público lector, y merecido, al mismo tiempo, diversos reconocimientos como el Premio Joaquín Gallegos Lara, en dos ocasiones; y algunas importantes menciones de honor.
Su novelística, para decirlo de un modo sintético, abarca aspectos primordiales de la historia reciente del país y, extensivamente, de nuestro continente, reflejados metafóricamente en el transcurrir de sus personajes y temas, en una combinación/oposición, señalaba Bruno Sáenz en el discurso de bienvenida a Carlos, de realidad y ficción creadora.
Todo ello, en mi concepto, deriva en un texto sin duda clave y fundamental de la narrativa ecuatoriana, su novela “Un día cualquiera”, publicada en el año 2021, y que, dentro de la vertiente histórica, abarca una fase decisiva de la historia hispanoamericana con gravitación en lo que empezaba a ser la Real Audiencia de Quito. Me refiero a la etapa colonizadora inmediatamente después del descubrimiento, con sus luces y sombras y sus terribles vicisitudes.
Coincidentemente, su discurso reglamentario versará sobre el tema “Hitos para una cartografía de la novela histórica contemporánea en el Ecuador”, discurso que será contestado, como es de rigor, por nuestro subdirector don Gonzalo Ortiz Crespo, ensayista y novelista, precisamente de temas históricos o relacionados con el devenir de la historia reciente del país.
Constituye un honor para la Academia Ecuatoriana de la Lengua dar la bienvenida, en su nueva calidad de individuo de número, a Carlos Arcos Cabrera, en el ámbito de esta casa sesquicentenaria, cual es la institución que nos abriga, y en el marco de esta mañana quiteña y junto a amigos tan dilectos como son ustedes.
Muchísimas gracias.



