hacklink hack forum hacklink film izle hacklink giftcardmall/mygiftgalabettipobetStreameastpokerdompusulabetbahsegelgalabetjojobetholiganbetSahabetmarsbahisводка казинобездепозитный бонус казинофриспиныbettiltStreameastbettilt girişjojobetslot onlinecasibom Girişneue online casinotest-anahtar-1kalebet girişkalebetJojobetjojobetcasibomjojobet girişmostbetunblocked gamesGiftcardmall/Mygiftgiftcardmall/mygifthiltonbetkulisbetcratosroyalbetcratosroyalbet girişgiftcardmall/mygiftsekabet girişextrabetjojobet 1131giftcardmall/mygiftBetigmaBetigmamarsbahisgrandpashabetgiftcardmall/mygiftkoora livematbet girişBetAndreasjojobetjojobetBetigmagrandpashabetvdcasinoholiganbet 1201holiganbet 1201pusulabetcasino utan svensk licensสล็อตเว็บตรงcasibomStreameastVodka Casinoтоп казиноjetton скачатьjojobet giriştaraftarium24casibombetnanoholiganbetcasino siteleriorisbetcasibompadişahbetpadişahbetdeneme bonusu#jojobetmatbetcasibombets10grandpashabetvdcasinovdcasinomatbetbahiscasinokulisbetkulisbetkulisbetjojobetjojobetjojobet girişMeritkingholiganbetjojobetjojobetorisbetjojobetgrandpashabetholiganbet

Palabras de doña Valeria Guzmán en el homenaje a don Fernando Miño-Garcés

El pasado 15 de enero la academia rindió un homenaje a la memoria de don Fernando Miño-Garcés, tras cumplirse un año de su partida. En la ceremonia, doña Valeria Guzmán leyó las palabras que ahora compartimos con ustedes.

El pasado 15 de enero la academia rindió un homenaje a la memoria de don Fernando Miño-Garcés, tras cumplirse un año de su partida. En la ceremonia, doña Valeria Guzmán leyó las palabras que ahora compartimos con ustedes.

Fichero mínimo para un lexicógrafo muy admirado

a Fernando Miño-Garcés in memoriam

Estas fichas no pretenden abarcar una vida, sino dar cuenta de un encuentro, el de una amistad surgida a partir de la interminable pasión por las palabras.

1. Recordar

Recordar significa ‘volver a pasar por el corazón’, quizá ab imo corde —hacia lo más profundo del corazón—. Todas las palabras que tienen por génesis el “corazón”, me resultan bellas y con-movedoras. Concordar, cordial, cordura, misericordia, coraje, entre otras, provienen del latín cor que, en lenguas romances, dio como resultado pequeños latidos: coeur, cuore, cor. Sin embargo, en español se nos agrandó el corazón en largo pulso: la suma de cor+aceu+one dio por resultado, primero, coraçon con esa ç cedilla que en la Alta Edad Media sonaba como un latido —[ts…ts…ts]— y, después, nuestro gran corazón. Un corazón que no renuncia a ser centro de la vida y por ello de los sentimientos e inclusive de los pensamientos, que nos impulsa a sentir y a actuar.

En la antigüedad, la mente estaba en el pecho, específicamente en el diafragma. La etimología de recordar, más que ligarnos a una cuestión sentimental, se vincula primero a una sensación física; pues desde lo más primigenio,“corazón” proviene del sánscrito hrid, que significa ‘saltarín’. Quizá porque el corazón sea la parte del cuerpo más específica que se sobresalta con el recuerdo, quizá el pecho es el primer lugar del cuerpo que responde al recuerdo: agitación de los latidos, sensación de falta de aire.

Estamos reunidos aquí esta noche para recordar a Fernando Miño-Garcés, es decir, para volver a pasar por el corazón lo que su existencia significó —y significa— en nuestras vidas. Ojalá ab imo corde.

Jacques Lacan postuló la existencia de dos muertes, lo que nos permite pensar la muerte no solo como un hecho biológico, sino como un proceso simbólico. La primera muerte es la del cuerpo que cesa. La segunda, en cambio, es absoluta y ocurre cuando el nombre deja de circular, cuando ya no hay inscripción posible en el recuerdo ni en el lenguaje. Entre ambas se abre un espacio frágil —el entre-dos-muertes—, un intervalo donde se inscriben los rituales, el duelo, el archivo y la escritura: todos ellos intentos de resistir la aniquilación simbólica.

Esta noche, sin embargo, tengo fe en que, pese a la ingratitud tan habitual que suele primar en este país hacia sus artistas e intelectuales, este homenaje es un acto de resistencia. Tengo fe también en que Fernando no vivirá una segunda muerte, porque su obra, como legado, le hará frente al futuro. Nombrar, archivar y recordar son, entonces, gestos éticos. En ese sentido, cada inscripción en la lengua —que espero esté de nuestro lado— es una forma de demora frente a la segunda muerte.

2. Amistad

Lengua de mis abuelos habla por mí
No me dejes hablar de lo que no he mirado
de lo que no he tocado con los ojos del alma
de lo que no he vivido
de lo que no he palpado
de lo que no he mordido

No permitas que salga por mi boca o mis dedos una música falsa…

Empiezo esta ficha con unos versos de Efraín Bartolomé, que son para mí una suerte de rezo, porque hoy quiero hablarles del Fernando que yo conocí, a quien tuve la fortuna de tratar. No quiero enumerar eventos ni circunstancias que no hayamos compartido ambos, ni decir nada que no haya tañido el arpa ciega de mi corazón.

Conocí a don Fernando en agosto de 2018, en las reuniones de la Comisión de Lexicografía. Él había ingresado a inicios de ese año como académico correspondiente. En ese entonces nos reuníamos de manera presencial y prácticamente religiosa todos los miércoles en esta misma sede. Admiré de inmediato su formación como lexicógrafo, pero más aún su don de gentes. Pronto nos dimos a la tarea de reestructurar la planta de lo que hoy es el Diccionario académico de ecuatorianismos, junto con la Comisión de Lexicografía, y tuve la suerte de conocer más a fondo su Diccionario del español ecuatoriano…

Fue muy fácil hacernos amigos. Yo me sentía muy sola, había llegado recientemente de México, no conocía prácticamente a nadie y, además, éramos una especie de bichos raros haciendo el trabajo de bichos raros. Nuestra amistad, sin embargo, se estrechó más adelante, hacia 2021, cuando —para mi alegría y para fortuna de esta Academia— fue nombrado académico de número. Tuve entonces la suerte de escuchar su discurso de incorporación y también de coincidir con él en mesas de congresos, ferias y conferencias. Además tuve el privilegio de corregir su libro de Gazapos ecuatorianos y finalmente de presentar su libro de Dichos y modismos del habla ecuatoriana.

De alguna forma insospechada, quizá por ese hilo frágil que sostienen y tienden las palabras, pasamos poco a poco del trabajo académico a reunirnos para conversar y comer juntos, algo que jamás olvidaré. Siempre le dije que sentía una barrera generacional y también de autoridad un poco infranqueable con otros académicos, con la excepción de don Bruno Sáenz, con quien también mantuve una amistad entrañable. El caso es que, en esas conversaciones, recibí la generosidad, las enseñanzas y el gran sentido del humor de Fernando. Además, me consideró para formar parte del Grupo Cultural América cuando él era presidente, algo que me sorprendió muchísimo.

Como consecuencia de ello, terminamos celebrando la Navidad en su casa, porque así era él de espléndido: nos abrió su puerta, nos sentó a su mesa y compartió su vino con alegría y cariño. Entonces no pudimos imaginar que sería la última Navidad que compartiríamos. Entonces tampoco pudimos imaginar que, pocos días antes de la entrega de la versión impresa de nuestro DAE, sería él —precisamente él— quien no alcanzaría a ver concluido ese sueño y ese arduo trabajo de 6 años. Ese dolor se agrupará en mi costado para siempre.

3. Lexicógrafo

Los lexicógrafos aparecemos ante los ojos de los demás como unos bichos raros. ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos exactamente? ¿Para qué sirve lo que hacemos? ¿Quién comprende nuestro silencio? ¿Quién ahonda en nuestra soledad? Convivimos a diario con un puñado de palabras y el día se vuelve semanas, meses y años, “como la hormiga que no calcula el tamaño final del agujero que excava para hacer su hormiguero”. Los lexicógrafos trabajamos palabra por palabra, acepción por acepción, ejemplo por ejemplo. No nos rige el tiempo cronológico, sino una especie de tiempo cósmico que nos pone frente a una obra inacabada y poco actual cada vez que se publica. Nuestro trabajo parece mínimo frente a todo lo que produce el habla y, sin embargo, hacemos lo que hacemos porque alguien tiene que registrar significados y matices semánticos. Alguien, pese al agujero negro, se siente dichoso de realizar este trabajo, y ese alguien es un ser humano intentando definir, es decir, poner límites a lo imposible.

Detengámonos a pensar: ¿qué tan a menudo podemos conocer al autor de un diccionario? Casi todos hemos consultado uno, pero ¿cuántas veces nos hemos puesto a pensar en quiénes los elaboran?

Pocas veces se toma en cuenta que los diccionarios son escritos por seres humanos, mortales, con prejuicios, y que se redactan en un contexto histórico específico. Pocas veces se considera que se trata de un trabajo casi imposible: que el diccionario se desborda por todas partes, que el léxico es lo que cambia más rápido en una lengua, que cada día nacen palabras y otras mueren. Tampoco se toma en cuenta que quienes redactan definiciones se enfrentan día a día al significado. Y como diría Bothaina Al-Esa, hay que tener cuidado con adentrarse en las aguas del significado porque, cito: “¿Saben lo que les sucede a quienes se hunden en las aguas del significado? Los asfixia una manía eterna y quedan incapacitados para vivir”.

Imagino a Fernando ensimismado en su mundo de palabras; lo imagino aguzando el oído para captar acentos particulares, palabras que no había oído antes, giros del lenguaje, una mínima inflexión, un matiz. Lo imagino como un coleccionista de curiosidades, llevando siempre fichas en el bolsillo para tomar notas. Lo imagino como una María Moliner, tejiendo una gran telaraña de relaciones semánticas, rastreando sinónimos en ese gran laberinto de más de diez mil palabras que es su Diccionario del español ecuatoriano. Y pienso que, aunque fuera con colaboradores, invertir más de treinta años de la vida en una obra, se vuelve la vida misma, porque el tiempo en que está inmersa la elaboración de un diccionario es el de la propia vida, el de su acontecer diario.

4. Americanismo

En una de nuestras tantas conversaciones, Fernando me contó que había trabajado con Günter Haensch. No está él para relatar mi cara de sorpresa ni la alegría que sentí, ni cómo en ese momento mi admiración creció y muchas cosas comenzaron a cobrar sentido. Günter Haensch es uno de los teóricos más importantes dentro de la lexicografía. Luz Fernández Gordillo, lexicógrafa del Diccionario del español de México, me obsequió Los diccionarios del español en el umbral del siglo XXI, publicado en 1997 y reeditado en 2004, precisamente un libro de Haensch, cuando llegué a hacer mi estancia con ella en el DEM del Colmex. Un libro cuyo contenido atesoro, al que siempre vuelvo, el cual he utilizado para impartir múltiples clases de lexicografía. Por tanto, imaginen mi sorpresa y el sobrecogimiento que sentí al enterarme de que estaba conversando de tú a tú con un lexicógrafo que había conocido a Haensch y que, de alguna forma, había sido su discípulo. No sé si se comprende del todo, pero hay ahí una línea de linaje lexicográfico.

Hacer diccionarios es un arte muy antiguo que comenzó con listas de palabras, atravesó el saber enciclopédico y la ilustración para posteriormente llegar a ser una rama científica. Fue de Hesiquio de Alejandría, a San Isidoro de Sevilla, a Samuel Johnson y a los trabajos de las academias de la lengua europeas, por nombrar algunos afanes, pero estrenó su vida científica como disciplina lingüística autónoma solo muy recientemente. Fue entre las décadas de 1960 y 1980 cuando aparecieron la reflexión metalexicográfica, los criterios de selección léxica, los estudios sobre micro y macroestructura y el trabajo sistemático con corpus. Figuras clave de este proceso fueron, entre otros, Ladislav Zgusta, autor del Manual of Lexicography en 1971, Herbert Ernst Wiegand, quien sistematizó la teoría del diccionario, y, en el ámbito hispánico, Günter Haensch, quien aprendió, desarrolló, afinó y aplicó ese marco teórico a la descripción del español de América. En ese contexto, Fernando Miño-Garcés lo aprendió, lo desarrolló y lo afinó a partir de las propuestas de Günter Haensch. Quiero darle el peso que corresponde a este hecho, porque me parece que se trata de un privilegio que tuvo la lexicografía ecuatoriana a través del quehacer lexicográfico de Fernando, y al que quizá no se le ha dado la importancia ni el reconocimiento suficientes.

Voy a detallar un poco más este punto. El Nuevo diccionario de americanismos fue un proyecto lexicográfico internacional iniciado en 1976 en la Universidad de Augsburgo, Alemania, dirigido por Günter Haensch y Reinhold Werner. Tras una primera fase de planificación y recolección de materiales, el proyecto entró en su fase de redacción en 1981. Se concibió como un diccionario sincrónico y contrastivo, cuyo objetivo era describir con rigor el léxico realmente usado en el español de América en contraste con el español peninsular. Para ello, el proyecto desarrolló una metodología innovadora basada en la recolección in situ mediante encuestas orales y cuestionarios, la revisión crítica de diccionarios previos, la exclusión sistemática de palabras del español de España mal marcadas como americanismos y el trabajo por áreas lingüísticas, con estancias de investigadores latinoamericanos en Augsburgo.

Entre 1981 y 1983 se trabajó intensivamente el léxico de Colombia; entre 1983 y 1985, el del Cono Sur. El proyecto preveía la elaboración de diccionarios diatópicos —colombianismos, argentinismos, entre otros— como paso previo a un gran diccionario panamericano. En este punto conviene tener en cuenta dos cuestiones: primero, las características “sincrónica”, “contrastiva” y “descriptiva” que, también siguió el Diccionario del español del Ecuador, tal como lo señaló Fernando Miño en el prólogo; y segundo, el trabajo por áreas lingüísticas con las respectivas estancias. Pues en 1985, Günter Haensch visitó el Instituto de Lenguas y Lingüística de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador para solicitar su participación en el proyecto del Nuevo diccionario de americanismos, y ya en julio de ese mismo año Fernando estaba en Augsburgo, lo sabemos porque nos lo cuenta Simón Espinosa Cordero en ese bello texto que publicó en Primicias el 29 de noviembre de 2024 como homenaje, cito: “Fernando, ¿recuerdas que, a las 14:30 del jueves 11 de julio de 1985, salía de un restaurante de la ciudad de Augsburgo cuando al pasar tú me viste?”

El proyecto de Haensch fue decisivo porque cambió el paradigma de la lexicografía americana: introdujo un método científico y comparativo frente al empirismo y al purismo dominantes; separó claramente lo diacrónico de lo sincrónico, reivindicó el habla y formó a generaciones de lexicógrafos latinoamericanos, muchos de los cuales adaptaron este modelo para sus propios países y obras lexicográficas. Este es el caso de Fernando Miño-Garcés, quien se formó y trabajó dentro del marco metodológico del proyecto de Augsburgo, conoció y aplicó la técnica lexicográfica desarrollada por Haensch, y cuyo trabajo dialoga directamente con esa tradición y nosotros hemos tenido la fortuna de poder consultar y gozar.

5. Dichos y modismos

Como si no hubiera bastado la generosidad de entregarnos una obra lexicográfica monumental, Fernando, con esa bonhomía que lo caracterizaba, decidió legarnos además un Diccionario de dichos y modismos, en el que compiló 1185 dichos y modismos ordenados alfabéticamente, entre las letras A y D, en casi 400 páginas. Este trabajo, según me contó, lo realizó a lo largo de 50 años y, fiel a su manera de entender el oficio, decidió que fuera una obra de divulgación, dirigida a un público amplio y no exclusivamente a especialistas.

Se trata de un libro en el que se compilan no solo refranes, sino también otras manifestaciones del habla popular, como dichos, modismos y locuciones, que permiten observar diferentes aspectos de la sociedad ecuatoriana; porque ¿en dónde más se meten en la colada, se bajan de la camioneta, se hacen los cojudos, están chuchaquis, se sacan la chucha o les mandan a pastar chirotes?

Desde la lingüística resulta de especial importancia el estudio y registro de estas expresiones, pues permiten observar el comportamiento y la evolución de la lengua a través del tiempo, además de reflejar la intrínseca relación existente entre lengua y cultura, la sensibilidad de las sociedades, sus valores, pensamientos, prejuicios y conocimientos. El ingenio con que se metaforiza cada situación de la vida cotidiana es único y es nuestro.

En esta obra inconclusa se muestran diversas expresiones que, si bien desde una postura prescriptivista no corresponderían a “hablar bien”, suelen emplearse en mayor medida en contextos informales o asociarse a determinados sectores sociales, por lo general de estrato bajo. Por esto y por mucho más, siempre agradeceré a Fernando, haber recogido aquello que Coseriu llamó discurso repetido, tema que me parece fue uno de los intereses y obsesiones de estudio de los últimos años de su vida, pues Fernando se concentró en ello. También sobre este tema versó su discurso de incorporación como miembro de número. El discurso repetido nos permite validar y reconocer la riqueza lingüística, así como cuestionar escuelas de pensamiento que discriminan e incluso satanizan determinados usos de la lengua, usos que, por lo demás, la mayoría de nosotros conocemos y empleamos en contextos de cercanía y confianza y que forman parte del patrimonio lingüístico de nuestras comunidades y de la tradición oral.

6. Fichero

Finalmente, quisiera hablar del último regalo que Fernando le dio a esta Academia de la Lengua: el fichero que hoy vemos en el pasillo, y que debe contener al menos unas diez mil fichas. Ese conjunto de papeles en apariencia insignificantes habla de la tenacidad, la dedicación y la disciplina de toda una vida consagrada a la labor lexicográfica. Fichas escritas a mano —muchas, seguramente, de su propio puño y letra— que nos recuerdan que el trabajo con las palabras también es un trabajo del cuerpo, del tiempo y de la paciencia.

En esos cajones léxicos, que Chomsky comparaba con los compartimentos donde se almacenan las palabras en nuestro cerebro, se cifra una incógnita infinita: ¿cuántas palabras habrá conocido a lo largo de su vida Fernando Miño-Garcés? Nunca lo sabremos. Solo nos quedan sus obras, esa extensión de su memoria. Solo nos quedan las palabras, los dichos y modismos que documentó y definió, porque no quiso guardarlas solo para él, sino que decidió compartirlas con todos nosotros.

Y como diría Manrique: Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando…

Referencias bibliográficas

Al-Essa, B. (2025). La biblioteca del censor de libros. Fiordo Editorial.

Espinosa Cordero, S. (2024, 29 de noviembre). A la memoria de Fernando Miño-Garcés. Primicias. https://www.primicias.ec/opinion/simon-espinosa-cordero/homenaje-memoria-fernando-mino-garces-academia-ecuador-84273/#google_vignette

Haensch, G. (2000). La lexicografía del español de América y un nuevo diccionario de americanismos. Revista de Lexicografía, 6, 179-200. https://doi.org/10.17979/rlex.2000.6.0.5628

Miño-Garcés, F. (2016). Diccionario del español ecuatoriano: Español del Ecuador-Español de España. Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

Miño-Garcés, F. (2022). Gazapos ecuatorianos. Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

Miño-Garcés, F. (2023). Dichos y modismos del habla ecuatoriana (Vol. 1, A-D). Andean Center for Latin American Studies.