Probana de letras: «Aunque vagues perdido», de Juan Carlos Astudillo Sarmiento

Reseña de «Aunque vagues perdido», poemario de Juan Carlos Astudillo Sarmiento, elaborada por doña Valeria Guzmán para la sección «Probana de letras», junto con una entrevista al autor.

Tiempo de implosión

Valeria Guzmán

Escuchar es estar abierto al otro, a lo otro, en su condición de diverso. La escucha debe ser capaz de atravesar la rigidez del disfraz usado por el yo.

Aunque vagues perdido es un libro de poemas de Juan Carlos Astudillo Sarmiento, publicado por Severo Editorial en 2025. En la dedicatoria, entre otras cosas, el autor me escribe: “Me alegro de compartir esta parte de camino. Ojalá algo resuene”. Esa referencia inicial al sonido, como posibilidad de que algo repercuta entre nosotros, y la mención del “camino” me resultan indicios que anticipan el entramado conceptual del poemario.

El libro, compuesto por 46 poemas, se divide en dos secciones. La primera sección es “la escucha” que consta de 39 poemas, y la segunda “el decir” que contiene 18 poemas.  La estructura no es arbitraria. Comenzar por “la escucha” implica situar el lenguaje como consecuencia. Primero están el silencio, el murmullo, la percepción y la apertura… luego vendrá “el decir”. Entonces la palabra no se concibe como impulso inmediato, sino como respuesta a algo que la antecede. Escuchar antes de hablar es un gesto de contención. Los poemas de este libro no nacen de la pulsión desesperada por decir, sino de la disposición a recibir. Así pues, “el decir” emerge de un fondo de silencio ya atravesado, de una vagancia por los signos, “incendios, pulgares y prismas”.

“Confía en lo que oyes cuando escuchas y encuentra la puerta de la liberación. Nanak: aunque vagues perdido, no habrá necesidad de pedir nada”. Estos versos que sirvieron como epígrafe a un libro anterior del autor, y que dan título al libro actual, procenden del Japji Sahib, compuesto a fines del siglo XV por Guru Nanak. Se trata del poema fundacional del sijismo, estructurado por un verso inicial (Mūl Mantra), 38 estrofas breves y un cierre. El poema combina invocación y reflexión filosófica, y sitúa la meditación como vía de liberación interior. La coincidencia estructural, al menos con la primera parte de “la escucha” nos permite pensar que aunque vagues perdido se articula desde esa tradición poética de atención y despojamiento.

Hay un momento de implosión que antecede; hay una respiración que acompasa la página y dispone el aliento del verso y su acomodo sobre la blancura del espacio. En este sentido, los poemas de “la escucha”, o quizá debería decir “el poema” podría leerse como una sucesión de signos sobre una página única. Como un inmenso desdoblamiento del yo frente al nosotros, que hace contrapunto a dos voces o más; y, a medida que avanza la lectura, la página se desdobla. Se trata de un espacio que, en su movimiento, deja aparecer el texto y que, en cierto modo, lo produce como una sucesión de montañas con matices. Letras en negritas, letras en degradados de grises, letras en cursivas aparecen como diferentes dimensiones de la profundidad del camino recorrido en la montaña, como una polifonía del sonido sobre rocas, charcos y arroyuelos: “las voces/ que se vuelve innecesarias/ porque todas llaman/ un susurro/ que permite encontrar el espacio/ sin espacio”.

Desde esa experiencia de vaciamiento, pasamos en “el decir” a una transformación del vacío donde lo cotidiano va tomando forma: la hora del café, los dientes de leche, la sonrisa de la hija o un cuerpo entre las sábanas: “nuestra hija/ pateando/ el sueño mientras sueña que ríe”.

¡Qué cercanas resultan las etimologías de “vacío” y “vago”: vacuus, ‘desocupado’, y vagus, ‘que va de un lado a otro’! Una mínima variación fonética en la sonoridad de las oclusivas (/k/ /g/) altera el rumbo de dos palabras que, sin embargo, en este libro se entrelazan y constituyen una poética.

Si transitamos las palabras y los versos de este poemario, si vamos por sus declives, se despliega ante nuestros ojos un ritual, una suerte de peregrinación sin punto fijo de llegada. La invitación, desde el título, es a vagar y a perderse en ese algo que “ni se puede/ ni se quiere/ ni se precisa/ y sin embargo somos”.

Habrá que deshacernos en la claridad, “en la quietud”, “en una voz de menta”, e implosionar.

Entrevista

En tu poesía el vacío es un espacio fértil. ¿Para ti cuál es la relación entre vacío y creación?

El Vacío es, como dicen los Sufís, la posibilidad absoluta. De ahí brota la creación y buscarlo es tentarnos en él, una exploración parecida a caminar los páramos porque sabes que lo inesperado habita la neblina. Vaciarse es, de alguna manera, llenarse sin preocupaciones, ni empacho. No re-conozco otro lugar para la escritura, desde hace muchos años es un intento casi ininterrumpido.

La primera parte de este poemario despliega un trabajo espacial muy notorio en cuanto al acomodo de los versos y también respecto de los recursos tipográficos: negritas, cursivas, degradados en gris, etc. Al ser también fotógrafo, ¿qué dimensión cobra para ti lo visual y espacial en el poema?

A veces, o siempre, siento que la palabra necesita dar tumbos físicos, materiales, que necesita espacios a los lados y arriba o abajo. Apretarla a veces la asfixia, y otras, claro, la sostiene. La palabra respira, y no solo cuando se ejecuta en sonido, en las grafías también. Lo visual y espacial me permiten jugar a buscar equilibrio de pesos, que a veces, en el intento, coinciden con lo dicho y entonces algo coherente, me parece, vibra. Oswaldo Encalada también comenta sobre el uso de los recursos tipográficos que anotas, y sí, tienen una intención: distinguir las voces que dialogan en el texto, asignarles un espacio, también. Reconocerlas.

Los versos que dan título a aunque vagues perdido remiten al Japji Sahib y a la tradición sij. ¿Qué lugar ocupa esa tradición en tu formación y cómo dialogas con ella? ¿Estás construyendo una poética personal a través del diálogo con esta tradición?

No de manera voluntaria, pero hace cerca de 18 años comulgo con el Sijismo. De hecho, no fue sino después de terminado el libro que me di cuenta de lo que tú notas entre el epígrafe de mi anterior poemario y el título de este. Una feliz coincidencia. El sijismo, de la mano del kundalini yoga se volvió el camino por el que, como familia, vamos con mi esposa y mis hijas. De hecho, tenemos la bella fortuna de tener un ejemplar del Siri Guru Granth Sahib en casa. En esta tradición la poesía es central, al igual que el silencio, la respiración y la vibración del sonido.

El poemario que tan bella y profundamente comentas es el resultado de varios años de sadhana, que es la práctica personal que hacemos antes del amanecer, diariamente. En este espacio escribí los textos que después, con la edición personal y el trabajo cuidadoso de Severo (el Fausto es un lector tan atento y detallista) terminaron como el poemario, tras varios años de relecturas y reescrituras. Entonces, son esas dos fuentes: la del espacio de creación al que se refieren Bergson y Bachelard: irracional, lúcido y onírico al mismo tiempo; y por otro lado, la depuración como trabajo consciente con el lenguaje procurando que la imagen y el ritmo suenen a lo que se sintió en ese trajín de silencio y contemplación. O algo así.

Juan Carlos Astudillo Sarmiento es fotógrafo, escritor y editor. Coordina la Editorial Municipal del GAD de Cuenca. Autor de varios libros de poesía, investigación y fotografía, así como de artículos científicos y divulgativos.

Se edsempeña como docente universitario de pregrado y posgrado y es maestro de Kundalini yoga.

Reconocimientos: Mención de Honor en el Premio Jorge Carrera Andrade, de poesía, 2000; Ganador de la Convocatoria Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay, en el género Artes visuales/fotografía, 2020; Ganador de la Convocatoria Internacional “La tibia garra testimonial”, de la Universidad Nacional de Salta, en el género Crónica y fotografía, 2020; Mención de honor en el II Concurso Nacional de Crónica, 2022.