
Compartimos con ustedes este breve texto de don Paco Moncayo, director de la Academia Nacional de Historia Militar, en homenaje a la memoria de don Rodrigo Borja Cevallos expresidente de la república y antiguo miembro numerario de nuestra corporación.
Rodrigo Borja Cevallos. El estadista
Se acostumbra a reconocer a la muerte como la única certeza para el ser humano: la de su ineludible finitud; sin embargo, una reflexión más profunda, puede demostrar lo relativo de aquella finitud, porque la Historia, como memoria y juez insobornable del acontecer humano, puede convertir el espacio fugaz y transitorio de una vida en una forma de pedagogía imperecedera. Así ha sucedido con los grandes personajes que han dejado, como generoso legado para las generaciones del futuro, el testimonio de sus vidas ejemplares.
Ese es y será por siempre el caso de Rodrigo Borja Cevallos, un ser humano, un intelectual y un estadista de perfiles excepcionales. En su quehacer personal y político fue un referente de valores morales y cívicos; puso siempre el interés nacional sobre los suyos personales, familiares o de grupo; supo guiar con sabiduría y serenidad al pueblo ecuatoriano en momentos complejos de su relación interna e internacional; comprendió como pocos las complejidades y particularidades del Estado ecuatoriano y pudo liderarlo con sapiencia; manejó los recursos públicos con honestidad, pulcritud y transparencia modélicas; pensó siempre en el largo plazo, desdeñando las decisiones cómodas, populistas y de coyuntura; fue firme al momento de tomar decisiones difíciles que la consideró correctas y convenientes para la mayoría de los ecuatorianos; y, por todo ello, trascendió con perfiles sobresalientes en el escenario político global.
Como una forma de llevar a la práctica sus ideales cívicos y su compromiso patriótico, fundó uno de los partidos políticos mejor estructurados orgánica e ideológicamente del país, en la línea de la social democracia, con la firme convicción de que solamente el socialismo democrático podría dar las respuestas que el Ecuador necesitaba para enrumbarse institucionalmente y para lograr su desarrollo económico y social. Animado por esa convicción, fue un demócrata convencido, fiel en cada acto de su vida política a la consigna que proclamó, como una propuesta y compromiso irrevocable ante el pueblo ecuatoriano, de ‘Justicia social con libertad’, dos elementos a los que consideraba partes inseparables de una misma ecuación. Que haya paz en la tumba de este ecuatoriano ejemplar.
Este texto se publicó en el diario La Hora.




